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Acuarela (36x26 cm)
En el Arco del Teatro, pórtico del barrio chino que se abre sobre la Rambla, unos lisiados pedían caridad a los juerguistas que iban a Villa Rosa: gitanos de Hostafrancs, señoritos de Pedralbes que se acercaban para olvidarse de la tabarra del Liceu, provincianos por descubrir el vicio o turistas de poca monta deseosos de ver broncas de celos. Esto último era la especialidad de la casa que Miguel Borrull servía con especial maestría. Una gitana, un cliente, un supuesto novio, celos, hombría, riña, griterío y una amenazante navaja de muelles.
El local olía a mala vida desde su acceso por una puerta de cristal que daba paso al guardarropía y a una primera barra donde se servía buen jamón. Pasado el guardarropía había una sala pequeña con una columna donde eran frecuentes los corrillos y una sala grande con un escenario. El piso de arriba se utilizaba para consumir cocaína.
Tenía el morbo de una ligera falta de confort, la suciedad en aparente descuido y un cuerpo de baile donde las gitanas poseían el punto justo de mala educación para no molestar demasiado.
El Villa Rosa tenía enfrente el prostíbulo Madame Petit, y al lado, la tienda de gomas La Japonesa, famosa entre otras cualidades por la variedad de lo que ahora llamamos dildos.
La llegada de la República en 1931, le llevó a una época brillante y de desmadre. La guerra civil a ser un local de la CNT/FAI y con la dictadura se impuso la bebida de garrafa y las peleas nocturnas. Villa Rosa se convirtió en un burdel donde Carvalho mató al sicario que cosió a puñaladas a una prostituta embarazada, amiga de Charo. Un fracaso que jamás se perdonó porque acabó con la única pista que le llevaba al miserable que estaba detrás.
Acuarela: lámina (36x26 cm)
CONCIERTOS, SOMBRAS XINESCAS, TÍTERES.
CERVECERÍA, CABARET, RESTAURANTE… A pesar de que el servicio era esmerado y Pere Romeu se esforzaba en complacer a los concurrentes, la cocina de Els Quatre Gats dejaba mucho que desear, las raciones eran siempre una pura ilusión del espíritu, a juego con su clientela, pero el cabaret-restaurante no se abrió para proporcionar grandes beneficios ni para convertirlo en un ateneo gastronómico.
LOS HABITUALES... El plato fuerte de Els Quatre Gats eran las tertulias, que además no exigian propina. En una atmósfera entre humos, absenta y solapas extravagantes, un poeta declamaba versos ininteligibles sobre la decadencia del alma o un pintor defendía que el lienzo estaba obsoleto si no se manchaba con la angustia del existencialismo más puro o.… Los habituales,modernos malnutridos, estaban convencidos de que su mediocridad era un vanguardismo incomprendido que cambiaría la historia antes de que llegara la cuenta de la cena. Los otros, los que pagaban antes de irse, daban lustre al local, Picasso, Gaudí, Torres García, Opisso, Albéniz….
LAS SEÑAS DE IDENTIDAD… En Els Catre Gats el alcoholismo y la sífilis eran señales de distinción, imprescindibles si querías ser alguien entre sus mesas pintadas de rojo. A los tertulianos que no padecían de ellas se les escuchaba, pero no se les hacia ni caso. Algo parecido a los románticos que pasaban de los treinta..., eran simples impostores.
EL FINAL: La fiesta duró seis años, del 1897 al 1903, durante los cuales el local vivió uno de los cambios de siglo más fecundos como una aventura embriagadora y, como toda embriaguez, acabó con una larga resaca, con la traición de los contertulios, disgregados en otras tendencias y otras latitudes.
Acuarela: lámina (36x26 cm)
Cabau era un farmacéutico que fue a casarse con una doncella del clan Agut, dueños del famoso restaurante de la calle Gignàs, que era frecuentado por artistas, escritores e intelectuales varios.
Un día de 1962, tras una bronca con su suegro Agustí, decidió vender la farmacia y abrir en un callejón, al lado del Agut, su propia casa de comidas: el Agut d´Avinyó. Cabau no sabía freír un huevo, pero era un entusiasta de la buena mesa.
Iba a la Boquería cada mañana con pajarita y canotier. Allí era el rey, enamoraba a las vendedoras y convertía aquel amasijo de comida, gritos y pestilencia en una especie de corte real. Fue el perfecto senyor de una Barcelona sucia, imprevisible, levantisca, obrera e ilustrada. Una ciudad con disociación estructural armónica, como el mismo Cabau.
En 1984, Cabau se separó de su mujer y del Agut d´Avinyó, que estaba a nombre de ella. Se hizo payés y siguió yendo a la Boquería, ya no para comprar sino para vender. Allí, el 31 de marzo de 1987, después de saludar a todo el mundo y, en pleno centro del mercado, se suicidó. Fue como un último homenaje a la ciudad que le gustaba, la de antes, la que tenía ratas en sus playas. Quizá porque no fue capaz de adaptarse a la que asomaba o porque ya no encontraba ese invento humano que llamamos persona.
Acuarela: lámina (36x26 cm)
Un grupo de niños, refugiados sirios, están paseando por Barcelona de manos de una estudiante voluntaria de Bellas Artes. A su paso por La Pedrera dos de ellos cuchichean y empiezan a reírse. La monitora les mira muy seria, pero el cuchicheo y las risas se propagan por toda la fila en un periquete.
-¿Qué ocurre, qué os hace tanta gracia?- Los niños se miran unos a otros, dudando. Al final, como ven que la señorita no lo va a dejar pasar, el que inició la chufla confiesa.
-J’ai dit à Ahmed: “Mon tío Youssef construit así des casas cuando il est borracho”.
-¿Tu tío?
-Oui, c’est el albañil del Ayuntamiento et le meilleur client de la taverne de la place.
-Pues el que hizo esta casa no bebía, era modernista.
El niño sonríe de oreja a oreja, dando a entender que eso lo aclaraba todo -Ah ! Ce sont donc els modernistes qui posent ladrillos sans beber comme s'ils étaient bebidos- Y todos los niños levantaron las manos a la vez gritando: “Quand je serai grand, je veux aussi être modernista… Je veux aussi être modernista… modernista… modernista… modernista… … …”.
Acuarela (lámina 36x26 cm)
Gaudí era el típico esotérico ultra que hacía edificios con columnas torcidas, arcos desiguales y requiebros satíricos..., y la gente lo flipaba... !!!!.
Era un genio, según él mismo. Sus proyectos podrían parecer geometrías caprichosas propias de una sobredosis de desvaríos pero lo cierto es que sus estructuras tienen la forma óptima para las cargas que están soportando… !!!!.
En el círculo de amigos de Gaudí solo cabían tíos listos de la buena sociedad, el poeta Joan Maragall, el obispo Grau, el jesuita Ignacio Casanovas, el abogado Martí Trias... Fuera de ese círculo, desdén absoluto. Cuando construyó la casa Batlló, por ejemplo, no quiso burlarse del edificio sino de sus pomposos inquilinos, aplastados porque no sabían observar la luz y también de los que observaban desde la calle, aplastados porque la luz les cegaba el hambre.
Gaudí nunca fue friki, como mucho un tío raro, pero poco. Su evolución metafísica: Liga Espiritual de la Virgen de Montserrat… Modernidad… Abstracción... Geometrización... Tranvía... "¡Dios mío, Dios mío!" demuestra que nunca rompe un circulo que siempre gira dentro del mismo seno.
¡¡¡ Cosas de Gaudí !!!
Acuarela: lámina (36x26 cm)
«-¿Qui us la fa la barraca, en Domènech, en Gaudí ó en Puig y Cadafalch?» le pregunta un xabolista a un creisen recién llegado a las laderas de Montjuïc. -«Encare no estich ben decidit… El que resulti premiat en el concurs de edificis y fatxadas». En 1905 la preocupación en los arrabales de Barcelona era a quien encargar la barraca. Había enfrentamientos encarnizados entre los partidarios de uno o de otro arquitecto, cuyo único punto en común era la devoción que sentían los tres por Sant Jordi, santo que nunca existió en realidad. Fue una “local fake new” del siglo V que con el paso del tiempo marcó la tendencia modernista de la ciudad de los pistoleros... ¿Y cómo fue?.
Primera parte: A lo largo de los ocho siglos siguientes la paparrucha “Sant Jordi” fue cambiando y allá por el siglo XIII, en la “Leyenda Dorada” de Vorágine, se añadieron dos nuevos bulos a festejar en los siglos venideros: «Que era caballero y que mató a un dragón».
Segunda parte: Tras su publicación se empieza a difundir esta hazaña en las redes de antes (voceros, trovadores, pregoneros, conventos de siervas, edictos...) y en el siglo XV Sant Jordi le mueve la silla a Sant Martí y ocupa el puesto de patrón de Catalunya.
Epilogo: Sant Martí era mas de a pie que Sant Jordi, mas de gente de paz y objetores de conciencia que de dragones imaginarios. Sin ese golpe de estado santoral, la manzana del Passeig de Gràcia seguiría rodeada de turistas y puestos de pijerías, pero con forma de Arco Iris porque como todo el mundo sabe “Entre sant i sant, una paret hi manca”.
Acuarela: lámina (36x26 cm)
Se dice que Felipín el Bueno contaba chistes para aumentar la fe de sus seguidores, una especie de Eugenio pero sin gafas y sin humo. Un día que había pleno de asistencia quiso acabar con una mala costumbre que se había adueñado de la feligresía.
-Saben ese de una mujer chismosa que se confesó conmigo el otro día... Iba a echarle la filípica pero recapacité a tiempo. Hija mía, ve al mercado, compra una gallina, desplúmala en la plaza y tráela aquí. La chismosa regresó con la gallina desplumada muy contenta porque con ello creía perdonados sus pecados. Ahora ve y recoge todas las plumas de la plaza. La chismosa torció el gesto bastante confundida -¡Es imposible padre, el viento las llevó!. -Así son los chismes hermana; una vez dichos, no se pueden recoger.
La chismosa asintió agradecida y, después de besarme la mano, salió corriendo a contarles a sus vecinas el cuento de la gallina desplumada.
Acuarela: lámina (36x26 cm)
Nicomedes Méndez ha pasado a la historia del barrio Gótico por ser el inventor de la versión catalana del garrote vil. La peculiaridad del modelo ideado por Méndez es que, además de asfixiar, machacaba la médula espinal. Este catalanista de pro, afable y amante de los pájaros fue titular de la Audiencia Territorial de Barcelona en el Palau de la Inquisició entre 1877 y 1908, tiempo durante el cual dio muerte a 58 sentenciados. Era un funcionario ejemplar.
Nicomedes se convirtió en el maestro de ceremonias de un espectáculo que tenía un publico fiel y ávido de nuevas emociones. La función se hacía de día, en el Pati dels Corders de la cárcel de la Reina Amàlia. Se presentaba al reo vestido de negro, con un capellán, los testigos y las cofradías religiosas como teloneros. Y tuvo su pico de audiencia con Santiago Salvador, autor del atentado en el Liceu.
En 1908 el garrote se trasladó a la Modelo, sin público, y Nicomedes le perdió el gusto al oficio.
Acuarela: lámina (36x26 cm)
Qué había detrás de esos hombres y mujeres que, maleta al hombro llegaron un día a Barcelona con la intención de volver a ser visibles.
Que había detrás de esa gente que en los primeros meses, a duras penas, resistieron en pensiones baratas.
Qué había detrás de esa crisis que hizo más ricos a los ricos y obligó a los más pobres a abandonar sus casas.
Qué hay detrás de los intereses o la desidia de los demás, de la gente de a pie que los sigue considerando una especie de poca monta, de las empresas que abusan, de los caseros usureros.
“Tortugas”… “Tortugas” que a pasitos cortos se van haciendo con un hueco para que sus hijos tengan una oportunidad y que, sin pretenderlo, desempolvan la caspa de la gente de bien de toda la vida.
Acuarela: lámina (36x26 cm)
El negocio del jaenés consistía en que todos los camacus que se apiñaban en el bar los domingos al vermut, percibieran claramente la locura de los demás pero ninguno la propia… Además lo reducido del local le ahorraba gastos de limpieza y mobiliario.
Pastel: lámina(40x60 cm)
Eva observó la manzana que Dios le había puesto encima de la mesa. Al principio se lo tomó como otra majadería de Dios, una manía mas del que se creía omnipotente, omnisciente y el mas chulo de la Creación. Luego le miró, medio espatarrado, con un amago de sonrisa desafiante, triunfal y estupida..., como siempre.
-Escucha omnigilipollas, de mi depende que nos veamos mas o menos tiempo aquí..., llevamos una eternidad mareando con lo del libre albedrío. Ahora vete y cierra la puerta al salir.
Dios agachó la orejas, se levantó y se topó una vez mas con esa placa que tanto odiaba «Dra. Eva Paraíso: Psiquiatra Forense del Edén».
Acuarela: lámina (36x26 cm)
AzulOscuroCasiNegro es un estado de ánimo, un futuro incierto, un destino que a veces no reconocemos, que dependiendo bajo qué luz, qué prisma y qué actitud se mire, cambia. Un color que nos recuerda que muchas veces nos equivocamos, y a veces las cosas no son como las vemos pero que aún así... nos sirve de refugio precisamente por eso.
Acuarela: lámina (36x26 cm)
Aquí no hay viejos
Solo nos llego la tarde.
Viejo es el mar y se agiganta.
Viejo es el sol y nos calienta.
Vieja es la luna y nos alumbra.
Vieja es la tierra y nos da vida.
Viejo es el amor y nos alienta.
Aquí no hay viejos
Solo nos llegó la tarde.
Benedetti
Acuarela: lámina (36x26 cm)
Apareció de la nada, atravesó las calles de la ciudad con el estruendo del motor bicilíndrico de su Frera y desapareció nuevamente en la nada. Y lo volvió a hacer, una y otra vez, porque en una vendetta no hay final, no hay principio y cuando los hay mejor que estén cerca uno del otro.
Yo me acuerdo.
Acuarela: lámina (36x26 cm)
Séneca es un pensador de campo en vías de extinguirse, un estoico de los que llegaron del otro lado de la frontera y se quedó de maestro en el pueblo durante décadas. Un retirado de mirada brillante y de sonrisa esbozada.
A veces se acerca a la escuela y charla con la joven maestra y, aunque se calla, no puede evitar una infinita desconfianza hacia lo bilingüe ¿Cómo es posible que no tengan palabras para “corzo” ni “gorriato” ni para distinguir entre “churras” y “merinas”? No saben decir “morcilla”, “lomo en pringue” ni “rebanadas de cachuela”. Ni siquiera pueden nombrar los trabajos de los parados, sean “jornaleros”, “banderilleros” o “zahorís”. Vaya estafa.
En los malos ratos se burla de las penas, como si ya las estuviera viendo marcharse. Son esos ratos en los que suelta que se va y que aquí paz y después gloria, pero como desde que quitaron las vías del tren hay que irse andando, dice que ya no está para esos trotes y que nos iba a echar de menos.
Le da la risa floja si se cruza con tumbaollas o palmeros. Y esa burla benévola, sin mas, es la amargura madura de toda una generación.
Acuarela: lámina (36x26 cm)
Los tres zascandiles son mas listos que el hambre por mera cuestión de supervivencia heredada de abuelos yunteros y porque Jacinto creía que los foráneos se habían vuelto gilipollas de contado y lo asoció a la cobertura a esas ondas que segaban el buen juicio. Por eso no dudó en meterle fuego a la antena para móviles que habían colocado en lo alto el cerro.
Si los escuchas cuando se sientan en la cuesta, descubres que lo que buscan está en otro lado o en el camino. Guardan escondido como su mayor tesoro un panfleto ácrata escrito por un palurdo de pueblo, faltón y tinajero; dice el cura. En sus parloteos aparecen maquis, músicos, madres mandonas, curas borrachos, guardias civiles, cabras, hombres del saco... pero también asoma la civilización, a menudo para mandar callar a los adultos.
Acuarela: lámina (36x26 cm)
Aquellas emociones que sufrió la abuela cuando estaba embarazada de sus hijas fueron traspasadas a ellas y quizá tal vez a sus nietas
Acuarela: lámina (36x26 cm)
Cuando se decidió usar la plaza para entretener a la gente con películas «de tos los gustos», “el Berlanga” fue el único del pueblo que pudo aprender a manejar la máquina que echa cine porque el manual lo trajeron los de Madrid en alemán. Pues eso, que no hubo que hacer oposiciones ni enchufar a nadie ni na de na.
De siempre había sido “el Estirao” como su padre y su abuelo que emigraron a Alemania y allí siguen. Su madre si volvió cuando el chiquillo, el único rubio del pueblo, tenía 12 años. pero esto del cine cambia mucho a la gente. Se puso una gorra que venía con los bultos y dijo que era de Kubri, alguien conocido en el extranjero… seguro, y ya no se la quitó ni pa mear.
Llegó el día de la inauguración y antes de empezar advirtió a los presentes «Gente de los de Arriba ”el Estirao” ha muerto... Viva “el Berlanga” que soy yo». La gente se quedó pasmá porque nadie sabía que significaba lo de Berlanga pero como el respeto a las manías de cada uno es ley en este pueblo, “el Estirao” quedó rebautizado.
La máquina la dejaron los de Madrid en un cuarto vacío y se fueron; después tuvimos que abrir un ventanuco para que saliera la luz de dentro afuera y poner todos los cables que hacían falta, que eran muchos y complicaos, para esto tuvo que venir uno de los tontolabas de los de abajo que se nos habían adelantao en lo del cine.
La fachada de la plaza la dejamos mas blanca que las ánimas del purgatorio, eso lo hicimos nosotros bajo la atenta mirada del párroco, que es el que entiende de ánimas. Y es que a encalar no nos ganan los tontolabas.
Después de la sesión la mayoría se quedaba comentando lo que habían visto de forma educada y coloquial, sin garrotazos. El nivel cultural de los vecinos y vecinas, que llevaron los problemas de la fachada a sus corrillos de siempre mejoró muchísimo. Por ejemplo, las de Paco Martínez Soria ya no eran películas de catetos sino de expresionismo rural.
Y así, en un tiempo que no daba para muchas alegrías, viajamos, disfrutamos, vivimos otras vidas.. y soñamos.
P.D. El titulo hace referencia a una frase de la película “El viaje a ninguna parte” de Fernando Fernán-Gómez
Acuarela: lámina (36x26 cm)
Doña Manolita fue nuestra maestra durante muchos años. Llegó del Sur y las circunstancias, unas buenas y otras no tanto, hicieron que se quedara en el pueblo.
Su canasta de historias contiene recuerdos y relatos donde los héroes se equivocan y los lobos no se comen a nadie. Los personajes, ya sean princesas del Sahel, príncipes que se transforman en cebollas, hombres perezosos, osos furiosos, tramposos y marrulleros, reyes felones, ratones o monos, no son ni buenos ni malos ni hacen por esclarecerlo... Simplemente son.
Acuarela: lámina (36x26 cm)
Y seguí subiendo la Empiná hasta llegar al saliente de arriba del todo, y detrás, detrás,… detrás esta mi casa.
Acuarela: lámina (36x26 cm)
“la Algarrobica” era una moza que las malas lenguas decían que era de mal encare. Los mozos huían de ella como de su mula Sabineta que podía darte una coz y dejarte en el sitio si no le gustabas; por eso lo mejor era no ponerse al alcance de ninguna de las dos.
Ya había cumplido la treintena y estaba en camino de quedarse para vestir santos, así que pensaron casarla con “el Caoboi” que no era tonto del todo, pero sí una miaja cerril por culpa de la pisada que le dio una vaca sorda a los cuatro años y que lo tuvo sin sentido otros dos, y ni entonces lo recuperó del todo.
Las familias concertaron la boda y acordaron que “el Caoboi” fuera a visitar a “la Algarrobica” y llevarle unos presentes, como era costumbre. La madre del novio le puso en el bolsillo delantero de la alforja dos chorizos de los de mejor ver y en el bolsillo trasero unas pastas de peor fuste. Como “el Caoboi” era corto de palabras y de seso, su madre le repitió muchas veces, para que calara en su dura mollera, que los presentes del bolsillo delantero eran para su futura mujer y los del bolsillo trasero para sus hermanas.
Bien aleccionado de lo que tenía que decir, al llegar a la casa de la novia “el Caoboi” se plantó delante de “la Algarrobica”, hermanas, padres, la mula, y algunas vecinas que no querían perderse el acontecimiento; carraspeó dos veces, o tres según que vecina lo cuente, y largó de este modo mientras vaciaba la alforja:
– Güenas “Algarrobica”dice mi madre que lo dalante pa ti y pa tus hermanas y lo datrás……….. se maolvidao. A la novia y a la mula se les desdibujó la cara y asi siguen hoy en día, sin cara.
En fin que así se quedó lo que pudo haber sido y no fue.
8- '"el Sopicas"' o "'3 dedos" como le conocen los tontolabas del pueblo de abajo'
Acuarela: (lámina (36x26 cm)
«Tú, lo que quieres es sorber la sopa, y después mojar en el caldo».
“el Sopicas” al que los desgraciaos del pueblo de abajo lo llaman “3 dedos” es muy apreciado en nuestro pueblo; por eso en todas las casas cuando hacen sopa le guardan un plato, que él agradece dejándolo tan limpio que no hace falta echarlo a la pila.
Lo de “3 dedos” le viene por una porfía. Hace años, de mozos, siempre andábamos riñendo con los de abajo por ver que pueblo tenía el casadero mejor valorao por las mozas, y en un desparrame de su alcalde saltó que al mulero, el suyo que el nuestro era filosofo, le brillaban los ojos cuando estaba en la era con una de nuestro pueblo. “el Sopicas” le quiso dar un bofetón, por la afrenta y por que le tenía tirria, pero como era autoridad y lo del bofetón estaba castigao se contentó con responder que eso sería porque tenía corriente en los ojos y que la moza sería su madre que ya se sabe que la electricidad nubla la vista.
El alcalde se puso colorao, cogió el bastón de mando y le exigió al “Sopicas” que lo demostrara allí mismo o lo baldaba a palos. Total que “el Sopicas”, que siempre metía los dedos en los enchufes pa ver si había corriente le metió dos dedos en los ojos al mulero y demostró que tenía razón porque el mulero se quedó ciego y "el Sopicas" con dos dedos chamuscaos que hubo que cortárselos.
Que jodío “el Sopicas” Aun se mean de risa los del pueblo de abajo cuando sacan la anécdota a relucir.
Acuarela: lámina (36x26 cm)
Iluminado tiene ahora 95 años, pero habla con soltura y recuerda a la perfección cada momento juntos, cada fecha que nombra en sus historias o cada rincón que avistó en su juventud.
La Frasqueta no sabe la edad que tiene y habla poco o calla.
Son invisibles y viven como lo que son.
Se conocieron en la treintena, cuando él trabajaba como cartero y pregonero y ella servía en la casa de una familia adinerada.
"La saqué a bailar y lo tuve claro".
Acuarela: lámina (36x26 cm)
Fui agua para las pequeñas manos encallecidas cuando volvían de la era.
Sacié la sed de sus bocas resecas.
Transformé mi agua en manos de madre para lavar la cara tiznada de los mas pequeños, enjugué sus lágrimas, borré los surcos sobre sus mejillas y las heridas de las rodillas desolladas por el juego.
Y, cuando hacía falta que era siempre, a reblandecer el pan de la merienda cuando estaba duro.
Acuarela: lámina (36x26 cm)
Como alcalde vuestro que soy, con la buena letra de la señorita Eloísa y el permiso de Don Cosme os digo que a partir de ahora y en beneficio de las vecinas de este pueblo os digo y os vuelvo a decir que:
Se permite a los vecinos jugar a naipes apostando cosas de comer, hasta en cuantía de seis reales, sin que sean perseguidos, pero si la cuantía es mayor el vecino que sea encontrado jugando será castigado con las penas que fije este Ayuntamiento, que serán pregonadas en tiempo y forma debidos.
Don Pablo, el alcalde
Acuarela: lámina (36x26 cm)
Su casa, levantada en piedra y sin apenas cambios, es la última habitada de un paraje donde antaño hubo vecinos y vida. "El Matacristos" vive entre las ruinas de viviendas vaciadas y un horno de piedra hoy apagado.
Ya no se “caga en Dios” pa qué, carga agua desde el manantial, cuida su huerta, vigila el entorno con su vara y se sienta frente a la casa donde ha pasado toda su vida.
Acuarela: lámina (36x26 cm)
Se levanta temprano y se acuesta tan pronto como puede, según su propio ritmo. No pronuncia saludos como “buenos días” ni “buenas noches” a nadie, aunque en su interior quisiera.
Acuarela: lámina (36x26 cm)
Hay quien dice que se nota que no quedan chicos en nuestros pueblos, en que nadie coge las moras de las moreras, no se oyen ya sus gritos por las calles y plazas, y en que cada vez hay más pájaros en el campo.
Con el tiempo nos olvidaremos de lo que eran los tirachinas, como queramos llamarlos, y se perderá la costumbre de ir a buscar nidos y poner lazos para coger a las pájaras cuando iban a incubar los huevos o llevar comida a los chinchorros.
Acuarela: lámina (36x26 cm)
Su oficio era changarín o cargador de bolsas, o mejor dicho, representante de changarines.
En la época de la trilla, ponían el trigo en bolsas de aproximadamente 70 kilos y así se enviaban. Venancio concertaba “contratas”. Las contratas eran convenios de palabra, y había que cumplirlas, salvo causas muy especiales.
Acuarela: lámina (36x26 cm)
La inundación del mar Negro es la hipótesis científica que supone el desbordamiento del antiguo mar Mediterráneo sobre el antiguo mar interior que ocupaba el actual espacio del mar Negro, abriéndose el actual estrecho del Bósforo. Habría tenido lugar hacia el 5600 a.C. y presumiblemente habría tenido importantes repercusiones sobre la protohistoria del Antiguo Oriente Próximo y el Mediterráneo oriental, incluso pudo haber estado en el origen del relato bíblico del diluvio universal.
Acuarela: lámina (36x26 cm)
(desapareció en 1972)
La línea de tranvía Barrio de Pozas-Puerta del Sol-Cibeles-Embajadores, a su paso por la Plaza de Cibeles, hacia 1940. Al fondo podemos ver el Palacio de Linares. Fue una de las primeras líneas de tranvía de Madrid, inicialmente de tracción animal (mulas) y luego eléctrica, conectando puntos clave de la ciudad.
Hoy si viésemos una estampa como ésta en directo nos echaríamos las manos a la cabeza; sin embargo, décadas atrás se hacía la vista «gorda» con estas travesuras.
El tranvía fue capaz de convivir con el metro, el autobús y el trolebús durante tres décadas. En 1972, tras cumplir cien años, realizó su último viaje.
Acuarela: lámina (36x26 cm)
(desaparecieron en los Sesenta)
Varear las lanas de un colchón apelmazado era una labor que en muchas casas se realizaba una vez al año.
Había que descoserlo, lavar sus telas y con unas varas, generalmente de tamariz o avellano, golpear la lana para ventilarla y ahuecarla. La lana al suelo, encima de una colcha vieja de las que se ponía debajo del colchón en la cama, y al sol durante unas horas. De vez en cuando se le daba la vuelta y se volvía a desmadejar lo más posible para, después de la siesta y con poca brisa, comenzar el vareado silbando y cortando el viento.
La lana se iba haciendo cada vez más suave y esponjosa soltándose y ahuecándose sobre el montón, después había que meterla en su funda y coser la tela.
Ya solo quedaba hacer coincidir los ojales dobles de la parte de arriba con los de abajo y con la aguja larga pasar las cintas y hacer los balduques o lazos para que la lana se sujetara terciada por toda la base. Había otra forma de coser los rebordes llamada “a la inglesa”, que consistía en coser con hilo de tricotón la tela y algo de lana, así quedaba la cama más vistosa después de hecha.
Con el tiempo apareció la voz de "Colchonero lanerooooo" "Compro colchones de lanaaaa", "Cambio colchón de lana por uno de espuma", y se llevaron aquellos colchones con todos nuestros sueños y el final de las obligadas siestas.
22- 1945. 'Limpiabotas' o 'Cuando Franco fusilaba por no llevar los zapatos limpios'
Acuarela: lámina (36x26 cm)
El oficio de limpiabotas en Madrid, aunque menos común hoy en día, fue un símbolo de la vida urbana durante décadas, especialmente en el siglo XX. Los limpiabotas trabajaban en lugares emblemáticos como la Gran Vía, sentados en pequeñas cajas con cepillos y cremas, ofreciendo un servicio que para muchos era una forma de prestigio. Eran también un punto de encuentro social donde se compartían noticias y conversaciones, escuchando y compartiendo historias, convirtiéndose en cronistas discretos del Madrid de su época.
Personajes y Anécdotas Icónicas:
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"Purísima": Era un limpiabotas muy conocido en Sol, famoso por su energía, su rapidez y su habilidad para charlar mientras trabajaba, convirtiéndose casi en una figura turística.
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"Two Hundred": Solo hablaba inglés, diciendo "two hundred" (doscientos, refiriéndose al precio) a los clientes, sin importar el idioma, como parte de su peculiar encanto.
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El "Imperio del Betún": En los años 50, había cientos de limpiabotas en Madrid, especialmente cerca del Banco de España. El oficio tenía su propio sindicato y hasta su patrona, la Purisima Virgen de la Concepción.
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La Calle como Oficina: Los limpiabotas no solo trabajaban en esquinas, sino que eran parte del paisaje urbano. Veían pasar la vida madrileña, desde ejecutivos con trajes impecables hasta bohemios, y escuchaban todo tipo de confidencias.
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Ingenio y Supervivencia: Muchos limpiabotas usaban trucos para atraer clientes o negociar precios. Las historias a menudo hablan de su ingenio para ganarse la vida con muy poco.
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El Contraste Social: Es habitual la anécdota del limpiabotas que lustraba los zapatos de figuras importantes o que veía la cara oculta del Madrid más elegante desde su banquillo, como los lujosos edificios del Barrio de Salamanca, desde abajo.
21- 1954. 'Una joven trapera subida en su carro recogiendo un cubo de basura en la Plaza de Santa Cruz'
Acuarela: lámina (36x26 cm)
(desaparecieron en los Setenta)
Los traperos o ropavejeros eran gente pobre con un ingenio especial para ganarse la vida recogiendo desechos (trapos, papel, chatarra) con su distintivo sonido de "chiflo", su burro y su carreta. Tenian sus clientes fijos a los que cobraban una especie de iguala.
Solían tener casas con patio grande donde volcaban la busca (la basura) que toda la familia separaba en diferentes espacios dedicados: hierro, aluminio,cobre,bronce, papel, cartón,trapo, medias de naylon, cristal, y tantas otras que llegaban revueltas.
El carbón y la carbonilla se recogía aparte para los edificios que tenían calderas de este tipo. Apartaban los trozos sin usar, luego los que estaban a medio quemar que se cribaban y se vendían más barato como carbonilla y el resto, escoria, lo distribuían por las calles para hacer firme.
Características y anécdotas comunes:
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El "Chiflo" o "Chirimía": Silbato de madera con un sonido único, que usaban para anunciar su llegada por los barrios antes del amanecer.
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La "Carreta-Taller": Carromatos con una rueda grande y herramientas para reparar objetos in situ (afilados, remaches) y un recipiente de agua; como pequeños talleres ambulantes.
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La Recogida de Basura: Antes de que el servicio municipal fuera regular, los traperos eran los encargados de recoger los desechos de las casas, clasificando y vendiendo lo que podían reutilizar.
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El Intercambio: A veces, a cambio de la basura o por Navidad, los traperos dejaban pequeños regalos como pollos a las familias que atendían.
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El "Tesoro" en la Basura: En tiempos de miseria, los desechos contenían "tesoros" (ropa, zapatos, libros), y lo que unos tiraban, para ellos era sustento.
- El Legado: Aunque la actividad como la conocieron desapareció, hoy sobrevive en organizaciones como los "Traperos de Emaús", que recogen donaciones para fines sociales, y el término persiste para hablar de personas que dan una segunda vida a objetos usados.
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La Sabiduría Animal: Anécdotas como la de las mulas de los traperos, que solas sabían el camino desde Leganés hasta Madrid.
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El Trabajo Invisible: Relatos sobre molinos papeleros donde el duro trabajo de los hombres que golpeaban trapos con batanes hacía posible libros como El Quijote, una historia que ellos desconocían.
Acuarela: lámina (36x26 cm)
A ponerse las alpargatas, que lo que viene es zapateao.
En 1920, se fundó "la liga de la alpargata" por algunos tertulianos que se reunían en el Casino de Autores, Dramaturgos y Líricos de Madrid.
A raiz de un comentario sobre el alto precio del calzado e imitando la presión de la vecina Francia hacía su propia industria decidieron, medio en broma medio en serio, hacer un boicot también en España al calzado de alta gama. Se trataba de hacer un llamamiento a toda la ciudadanía por medio de panfletos, cartas y otros medios de difusión, para que todos calzasen alpargatas de pobres en lugar de sus habituales zapatos, incluso aún vistiendo sus mejores galas. Un esnobismo jaleado hasta por Alfonso XIII, que se aburría entre borbonada y borbonada, que fue expandido en plan de chirigota por los medios de comunicación que enaltecían ese complemento en las clases más pudientes para ennoblecer el "calzado de los desarrapados".
Pero llegaría el invierno y ese "sacrificio" aceptado de buen gusto con el tiempo cálido, se convertiría en un padecimiento con el frío, la humedad y las agresiones climáticas. "Hasta ahí llegó la liga".
Al final todo quedó en una anecdota. Desde el momento en que volvió el frío y la lluvia, volvieron los zapatos a los pies de los más ricos y siguieron las alpargatas en los de los mas pobres.
La tragedia fue que algunas fábricas lo pasaron mal, se creó paro y pobreza y los pobres, que siempre habían llevado alpargatas, las siguieron llevando, pero mucho mas caras.
Acuarela: lámina (36x26 cm)
(desaparecieron en los Sesenta)
- Eh... ¿no tas enterao de lo de ayer?
- Yo no m'enterao de ná ¿pos que ha pasao...?
- Pos que ayer tarde cuando volvía Fulano d'afuchinar en la obra, vio en el zopetero de debajo la via a la hija de la Eulalia chuchando con el rochano del Matias.
- Anda, anda, ambrollera, que tampoco es pa tanto la cosa...
- Cooopón que no... pos menuda escandalera... ¡hasta en la feligresía se oían las ausiones...! Resulta que s'anterao el padre y ha dejao a la muchacha pínfana de un mochazo... y a la madre la dao un arrechuz que aína si vuelve...
- Pos ná... ni cosa... si por ese zopetero hemos pasao tóóóas…
La lechera era una figura común en las Palomeras de los Cincuenta; repartía leche recien ordeñada de casa en casa, a tres pesetas o de fiao. En algunos casos se realizaban trueques, como hortalizas a cambio de leche.
La pasteurización y la creación de centrales lecheras, especialmente en ciudades de más de 70.000 habitantes, generaron controversia y cierres de lecherías. Ciento treinta y una lecherías se habían cerrado en las primeras semanadas de 1953 por adulteración en la venta de leche. En 1954 provocó un verdadero conflicto pero la disposición gubernamental decidió establecer centrales lecheras en localidades superiores a los setenta mil habitantes. En plazo breve se proyectaban seis centrales en Madrid.
Acuarela: lámina (36x26 cm)
(desaparecieron en los Cincuenta)
Durante la dictadura franquista, las mujeres fueron el principal sustento de las familias desamparadas. En este caso 'Ella' tuvo que hacer el trabajo que hacía su marido, antes de que le encarcelaran por la Ley de Responsabilidades Políticas.
'Ella' aparecía y desaparecía por las calles de Madrid en primavera, como si se tratara de un ciclo estacional, tirando de un simpático y bien ornamentado burro.
'Ella' era de la zona de Barros, en Extremadura, por eso las vecinas creían que traía los botijos desde allí, pero lo cierto es que compraba toda clase de utensilios de barro en los tejares y alfares de las afueras de la Capital, a donde se había trasladado para poder visitar a su Elías con mas frecuencia.
El burro lo llevaba engalanado con gusto, con esmero, con cariño, sus borlas colgando por su frente, a veces hasta con sombrero, sobre una manta que le cubría el lomo. Llevaba acoplado un armazón hecho con listones o varas entrelazadas, formando una especie de cesta, dos eran las que llevaba, una a cada lado, estas iban rellenas con paja u otro material análogo, con el fin de que los cacharros que contenían, no se golpearan entre si. También era corriente que llevara algunos cacharros colgando por el exterior de las cestas. La mercancía era muy variada, desde los típicos botijos, el blanco que hacía el agua más fresquita y el colorado, hasta todo tipo de cacharros útiles para las cocinas, platos, cucharones, orzas pequeñas para las aceitunas, candelabros para las velas, fuentes y si alguna vez no traía lo que necesitabas se lo encargabas.
Siempre con su pantalón de pana, sus zapatillas de esparto y su sombrero.
Su Elías fue fusilado en 1945 y las vecinas de Madrid no volvieron a ver a 'Ella'.
Acuarela: lámina (31x23 m)
El oficio de afilador en Madrid, aunque menos común, todavía existe y es un oficio artesanal ambulante que afila cuchillos, tijeras y otras herramientas de corte. Utilizan un molinillo mecánico para realizar su trabajo y, para anunciarse, todavía usan un "chiflo" o "pito del afilador", aunque hoy en día se desplazan en motocicletas o vehículos para moverse por las calles, especialmente en zonas con mucha hostelería.
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Descripción del oficio: Los afiladores se desplazaban tradicionalmente por las calles para ofrecer sus servicios de afilar instrumentos cortantes, como cuchillos, tijeras y navajas.
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Sonido característico: El sonido del "chiflo", una flauta de pan, es la señal tradicional que utilizan para anunciar su presencia en las calles.
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Adaptación moderna: Aunque el oficio es antiguo, se ha adaptado a los tiempos modernos. Ahora se desplazan en vehículos como motocicletas, aunque el afilado se sigue haciendo con herramientas mecánicas.
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Declive y supervivencia: Es un oficio en declive, pero aún sobrevive gracias a la necesidad de afilar objetos cortantes, sobre todo en las áreas de hostelería, y a que todavía hay personas que lo practican.
Acuarela: lámina (31x23 cm)
(dejaron de usarse a mediados del siglo XX)
Las antiguas tablas de lavar de madera son herramientas de lavandería con una superficie corrugada para frotar la ropa enjabonada. Tras su uso, se han convertido en objetos de decoración o se han reutilizado de formas creativas, como repisas, bodegas o instrumentos musicales.
Usos tradicionales
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Herramienta de lavandería: Su propósito original era frotar la ropa para limpiarla.
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Diseño: Consistían en una tabla de madera con una serie de estrías o corrugaciones en la superficie, diseñadas para ayudar a frotar la ropa.
Usos modernos y reutilización
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Decoración: Se han transformado en objetos decorativos únicos para el hogar.
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Muebles: Se utilizan para crear otros muebles, como repisas para la cocina.
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Instrumentos musicales: Adaptadas para la música, especialmente en el jazz y el blues, donde las corrugaciones se usan para crear ritmos y sonidos (washboard).
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Otros objetos decorativos: Se han transformado en bodegas para botellas, copas y otros accesorios.
Mantenimiento y limpieza
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Limpieza: Para limpiar una tabla de madera antigua, se recomienda usar agua caliente y un jabón suave.
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Frotar: Se puede usar un estropajo o un cepillo para limpiar las corrugaciones y eliminar la suciedad.
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Enjuagar: Enjuagar bien con agua para eliminar todo el residuo de jabón.
Acuarela: lámina (36x26 cm)
(desparecieron entre las décadas de los Sesenta y Setenta).
El oficio de lañador se ejercía de forma artesana. Rreparaban objetos rotos, especialmente de cerámica y loza, usando grapas metálicas (lañas). A menudo también reparaban paraguas, y trabajaban de forma ambulante. Este oficio desapareció gradualmente, pues resultaba más caro arreglar un objeto que comprar uno nuevo.
Oficio de lañador
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Función principal: Componer objetos de barro, loza, latón y porcelana que se habían roto.
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Método de reparación: Hacían agujeros a ambos lados de la rotura, aplicaban una masilla y luego colocaban lañas metálicas (grapas) que solían soldar para asegurar el arreglo.
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Otros oficios asociados: Muchos lañador@s también eran paragüer@s, reparando paraguas, y para ello llevaban en sus bolsas varillas metálicas, telas para remendar y mangos.
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Forma de trabajo: Trabajaban de forma ambulante, acudiendo a los domicilios o a puntos de encuentro habituales.
Desaparición del oficio
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A medida que avanzaba el siglo XX, comprar objetos nuevos se volvió más barato que repararlos.
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Esto hizo que el oficio de lañador fuera desapareciendo y se convirtiera en un oficio perdido.
Acuarela: lámina (36x26 cm)
Estaba en la calle Carnero, esquina con Mira el Río Alta, en el Rastro. En la actualidad es una tienda de libros antiguos que la lleva su hijo.
Aquellos comercios recibían muchas denominaciones: colmados, mantequerías, ultramarinos, coloniales, o abastos. Pero de todos, el que más me gusta es «Ultramarinos».
Si los recordáis, en ellos se vendía de todo, sobre todo latas de conservas, legumbres y galletas a granel y cualquier cosa que se pudiera necesitar.
¿Habéis pensado hace cuánto no se ven lecherías, carnicerías o pescaderías en locales de puerta calle? Ya no abren nuevos comercios de este estilo, y tristemente, muchos de los que hay, van cerrando, o aguantan hasta la jubilación de sus propietarios, sin que haya una sucesión en el negocio natural como la de antaño, generalmente pasaban de padres a hijos.
Consecuencias de lo que se está empezando a conocer como «Ausencia de relevo generacional»
Todos, sobre todo los que tenemos cierta edad, recordamos con nostalgia estos establecimientos.
Los bacalaos apilados, la barrica de arenques y esa lata enorme de escabeche que pedías por gramos.
Aquellos cucuruchos de papel de estraza. Aquellos olores. Se iba a comprar con una huevera de plástico.
El cuaderno donde «apuntaba» el importe de la compra para luego pagarlo a final de mes. No hay que olvidar que casi todos los establecimiento vendían «fiado» a quien lo necesitaba. Generalmente, todos eran clientes conocidos.
El contacto con tus semejantes, sabíamos todo de los vecinos y sabían todo sobre nosotros. Lo bueno y lo malo.
Por desgracia, todo eso se ha perdido, por lo menos a nivel de calle.
Acuarela: lámina A4
Desde 1947 llamada «El Madroño», se encuentra en el número 10 de la calle Latoneros, esquina con Puerta Cerrada.
En la actualidad ya casi no quedan este tipo de tasca, de las de siempre. Con sus mesas para jugar a las cartas, dominó, o para tomarse sus chatos de vinos, servidos con una frasca de cristal, grifo de Vermut, sobre un mostrador de zinc, al igual que los fregaderos.
Ah! y en muchas de estas tascas, solían apuntar sobre el mostrador y con una tiza, el importe de los chatos que ibas consumiendo.
Acuarela: lámina (36x26 cm)
En Prusia y bajo el reinado de Federico II, tuvo lugar la historia de un molinero, un tal Arnold en la que el monarca, que no era parte del litigio, acabó irrumpiendo para desagraviar al débil al que la justicia, un estamento nobiliario, no había escuchado. Fue otro capitulo de la lucha en Europa por el dominio de la justicia entre el poder real y el señorial. Donde el reo no pintaba nada y dependía de un cara o cruz. Mas cruces que caras.
Acuarela: lámina (36x26 cm)
Económico, sin electricidad; estaba en bares y billares y se podía hacer el 'guinde' para que las bolas jugadas bajaran al cajetín, aunque con cuidado de que no te pillara el encargado que solía tener muy mala hostia.
El futbolín, también conocido como futbolito, metegol, fulbito, futmesa, tacataca, fulbatin, tacatocó, futillo, fulbacho, canchitas, tiragol o fulbote es un juego basado en el fútbol. En los billares era el juego de los NO-mayores porque teníamos prohibido jugar al billar y era más barato. Se juega sobre una mesa especial sobre la cual ejes transversales con palancas con forma de jugador son girados por los jugadores para golpear una pelota.
Los futbolines de los años 60 se caracterizaban por su diseño y la presencia de un monedero para jugar en locales públicos. Fue una década en la que el futbolín se consolidó como un juego de entretenimiento popular, con modelos robustos y funcionales, como el B60 de Bonzini, ideal para bares y restaurantes. Estos modelos eran de madera y solían tener jugadores de madera, metal o plástico.
Características principales
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Monedero: Los modelos de esta época, especialmente los destinados a establecimientos públicos como cafeterías, incorporaban un monedero para iniciar el juego.
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Robustez: Solían ser mesas de juego robustas, con estructuras de madera y un campo de juego de diferentes materiales.
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Diseño: Aunque la funcionalidad era la prioridad, el diseño de estos futbolines se inspiró en el estilo de la época, con acabados más sencillos y prácticos.
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Jugadores: Los jugadores solían estar hechos de madera, metal o plástico, y su diseño se adaptaba a la época.
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Popularidad: Los futbolines de los 60 se popularizaron en bares, restaurantes y otros locales de ocio, convirtiéndose en un símbolo de la época y un juego muy apreciado.
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Estándar de juego: Aunque las reglas varían según la región, la forma de juego era la misma que la de hoy en día, donde se usan las palancas para mover a los jugadores y anotar goles.
Acuarela: lámina (26x36 cm)
"La Revolución Silenciosa del Ocio en la España de los Sesenta"
¿Fuiste o te llevaron a los pinos de Oromana o a la Higuerita? ¿Llevabais el transistor para escuchar el Carrusel?
En la baca del seita, no faltaba ni el canasto de mimbre con filetes empanados y tortillas, las neveras para el tinto, las caseras y el picadillo, la sandia para meter en el agua que hubiera y el termo del café...
Durante los años sesenta, España vivió una transformación social silenciosa pero profundamente reveladora: el auge del “dominguero”. Este fenómeno, que para muchos se resumía en familias cargadas con neveras, tortillas de patatas y sombrillas en coches SEAT 600, simbolizó en realidad una incipiente conquista de la clase media del derecho al ocio y a la movilidad.
En una España aún bajo el yugo franquista, los domingos se convirtieron en una ventana de libertad.
Un coche, una tortilla y la carretera
El desarrollo económico que comenzó a perfilarse con el llamado “milagro español” dio lugar a un tímido pero creciente bienestar. Con la mejora de los salarios y la expansión de la industria automovilística —gracias al SEAT 600 y al Renault Dauphine— miles de familias españolas accedieron por primera vez a un coche propio. Esto no solo cambió la forma de moverse, sino también la forma de vivir el tiempo libre.
El domingo se convirtió en el día esperado: el día de cargar el coche con comida, niños, suegros y hasta el canario, rumbo a la playa, al campo o a algún pantano cercano. La escena se repetía como un ritual en toda la geografía: largas caravanas por carreteras nacionales, mesas plegables en los pinares, y baños improvisados en pantanos aún sin vigilancia.
El ocio como expresión de cambio
Ser dominguero no era solo una costumbre: era una forma de reivindicar un espacio en la modernidad. La jornada dominical al aire libre suponía un respiro frente a las normas rígidas del régimen. Aunque no había libertad política, había una creciente voluntad de vivir mejor, aunque fuese solo durante unas horas.
Para muchas familias obreras, aquel viaje semanal era la única oportunidad de escapar del hacinamiento de los barrios periféricos. Se trataba de una forma de turismo popular, precario pero cargado de ilusión, donde no faltaban la radio con canciones de Karina o Raphael, el café en termos y las sombrillas de rayas.
Críticas, tópicos y realidades
No todos veían con buenos ojos a los domingueros. Desde ciertos sectores de clase alta o intelectual, el fenómeno era objeto de burla: sinónimo de mal gusto, de ruido, de atascos interminables y de invasión de espacios naturales. Las caricaturas de la época mostraban a familias sudorosas, cargadas hasta el techo, con el padre en camiseta de tirantes y la suegra criticando por el retrovisor.
Sin embargo, detrás del estereotipo, había un país en transformación. España salía de su ensimismamiento rural y comenzaba a soñar con las vacaciones, el coche familiar y la movilidad. El fenómeno de los domingueros anticipó en cierta forma el boom turístico y el desarrollo del turismo interior en las décadas siguientes.
Legado de un ritual popular
Hoy, medio siglo después, el término “dominguero” sigue existiendo, aunque a menudo con connotaciones peyorativas. Sin embargo, en los años sesenta, fue símbolo de progreso. En un tiempo en que viajar era un lujo y descansar un privilegio, los domingueros rompieron barreras y democratizaron, a su manera, el acceso al ocio.
En cada tortilla de patatas envuelta en papel de aluminio, en cada bañador tendido al sol sobre la ventanilla de un 600, latía el anhelo de una España más libre, más abierta y, sobre todo, más feliz.
El gran Ibáñez los retrataba no muy bien en sus historietas de Mortadelo y Filemón, llamándoles roba peras...
Acuarela: lámina (26x36 cm)
(Desaparecieron en los Setenta)
El oficio antiguo de regar las calles con mangueras se llamaba baldeo y lo realizaban los mangueros o peones especialistas. El oficio era fundamental para la limpieza de las calles, especialmente antes de la automatización, y consistía en usar agua a presión para arrastrar la suciedad, el polvo y los residuos pequeños hacia las alcantarillas. Los equipos solían incluir un "manguero" que operaba la manguera y un "llavero" que dirigía los residuos hacia el desagüe y recogía los montones finales.
Descripción del oficio
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Nombre del oficio: Baldeo.
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Operarios: Mangueros o peones especialistas.
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Herramientas: Mangueras, cepillos y carritos de limpieza.
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Proceso:
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El manguero proyectaba agua a presión con una manguera, a menudo conectada a una boca de riego.
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El agua arrastraba los residuos del pavimento y las aceras.
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El llavero empujaba los residuos hacia la red de alcantarillado.
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Se recogían los restos acumulados con una pala y se depositaban en un carrito.
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Importancia del oficio
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Limpieza exhaustiva: El baldeo manual permitía acceder a rincones y áreas donde las máquinas no podían llegar, como alrededor de bancos, contenedores, paradas de autobús, alcorques de árboles y soportales.
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Mantenimiento de la salud pública: Era una tarea esencial para la higiene de la ciudad, retirando suciedad acumulada que podía ser perjudicial para la salud.
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Precursor de las máquinas: Con el tiempo, este método manual fue complementado y, en gran medida, reemplazado por el baldeo mecanizado, que utiliza vehículos cisterna con sistemas de alta presión controlados por el conductor.
Acrílico: lienzo (26x36 cm)
(desaparecieron en los Noventa)
Los carteles de cine tradicionalmente eran creados por pintores y dibujantes especializados, llamados cartelistas. Algunos de los nombres destacados incluyen al italiano Anselmo Ballester, los españoles Francesc Fábregas Pujadas y Peris Aragó, y el estadounidense Drew Struzan. Su labor combinaba arte y artesanía, a menudo trabajando desde bocetos y reproduciendo a los actores con gran realismo en lienzos de gran formato.
Proceso de creación de los carteles
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El proceso comenzaba con un boceto a lápiz que necesitaba ser aprobado.
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El boceto se transfería, con ayuda de un cuadriculado, a un lienzo de tamaño definitivo usando carboncillo.
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La etapa crucial era la aplicación del color, para la cual a veces se tenía que inventar la paleta de colores basándose en bocetos en blanco y negro.
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Se empleaban técnicas como la pintura al temple, aplicada con pinceladas impresionistas para dar forma a las figuras y lograr un parecido asombroso con el boceto original.
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Finalmente, se añadían los textos y títulos.
Acuarela: lámina (26x36 cm)
(desaparecieron en los Setenta)
La cámara utilizada para la fotografía minutera incluía en un único cajón compacto tanto la cámara misma como el laboratorio fotográfico completo de revelado y ampliación convencional en blanco y negro. A la «cámara oscura» (el cajón), accedía el fotógrafo a través de una manga negra de terciopelo y realizaba gran parte de su trabajo al tacto.
Los fotógrafos se ubicaban en plazas, parques, miradores y paseos y ofrecían sus servicios de «foto al minuto» ataviados con un tradicional e inmaculado delantal blanco y un sombrero. Con frecuencia los acompañaba un loro que se posaba sobre la cámara (de ahí la expresión que subsiste hasta la actualidad: «mire al pajarito» para indicar a alguien que dirija su mirada a la cámara) y entregaba con el pico papeles de la suerte a los clientes. Los recién fotografiados debían llevar su foto en la mano sosteniéndola con cuidado desde alguna punta para que secara al viento. A veces los fotógrafos tenían además elementos escenográficos: algún caballito de palo, muñecos, telones y otros implementos de utilería en cartón para ambientar las fotos.
La fotografía minutera tuvo su principal auge durante la primera mitad del siglo xx y comenzó a declinar en los años 1970 debido a la aparición de la fotografía a color y de las nuevas técnicas fotográficas.
Acuarela: lámina (26x36 m)
(desaparecieron a principios de los Treinta)
Mozos de cordel o mozos de cuerda en Madrid era un oficio gremial de tradición que estuvo emparentado al de los aguadores. Se situaban en las esquinas de las calles y servían para conducir los efectos y hacer toda especie de mandados, pagándoles de 2 a 4 reales por cada mandado.
Los soguillas.
Resulta curioso que la más dura e historiada competencia les llegase a los mozos de cordel, no de los poderosos, sino de los menesterosos pobres de solemnidad, encarnados en el ramo del transporte urbano de mercancías por los llamados soguillas, y cuyo nombre les venía de la cuerda que se echaban al hombro. Al parecer, simulando el oficio de mozos, eran, sin embargo, en su mayoría, timadores y ladrones; bien que otros muchos no pasaban de simples necesitados de algún trabajo para poder comer, que no habían podido tener acceso o fiador para sacar la licencia de mozo de cordel. Estos, los mozos oficiales, llegaron a manifestarse ante el gobierno civil contra la competencia de los soguillas, exigiendo a la autoridad el cumplimiento del reglamento, "eliminando el intrusismo". Salió entonces en defensa de los “ilegales” el escritor Ramón Gómez de la Serna argumentando que «No se puede cerrar el único camino que le queda al hambriento desesperado». Los mozos de cordel, solidarios entre sí pero no con la competencia de los soguillas, insistieron en reclamar los derechos derivados de su licencia como "funcionarios gratuitos del Estado, al servicio de la policía". Así lo recogen los principales diarios de la época.
Acuarela: lámina (26x36 cm)
(esta situación era habitual entre las décadas de los Cuarenta y Setenta)
Durante el Siglo XIX y gran parte el Siglo XX, el puchero, con una elasticidad muy ancha y un juego que da según que ingredientes se utilicen, lograba platos totalmente distintos.
A veces las familias de los obreros se acercaban a pie de obra para comer juntos.
Acrílico: lámina (26x36 cm)
"Noodles, me resbalé"
“Es cierto que he matado, señor Bailey. A veces para defenderme y a veces por dinero"
"- Mucha gente nos ofrecía trabajos. Socios, rivales, amantes. Unos trabajos los aceptábamos y otros no. El suyo no lo habríamos aceptado señor Bailey.
- ¿Es esta tu forma de vengarte?
- No. Es mi forma de ver las cosas."
"¿Qué has hecho todos estos años?"
"Acostarme pronto"
Acuarela: lámina 26x36 cm
(desaparecieron en los Cincuenta)
Trabajaba en campos de fútbol, plazas de toros, procesiones y actos públicos. Aguadores de Madrid fue un gremio que permaneció activo en la capital de España entre el siglo xv y comienzos del xx. Regulados por el correspondiente concejo de la ciudad, su trabajo, además de la venta ambulante de agua fresca, consistía en transportarla en barriles o grandes cántaros hasta los aljibes, cisternas, tinajas o cántaras de las viviendas que no disponían de pozo o fuente particular. Desaparecieron de modo definitivo a comienzos del siglo XX, con la instalación de la red de agua corriente que permitió la construcción e infraestructura posterior del Canal de Isabel II, iniciada en 1851.
Tipología
La variada documentación distingue tres tipos de aguadores que podrían llamarse 'profesionales':
• los "chirriones", que transportaban el agua en una o varias cubas, sobre carros tirados por mulas o asnos.
• los tradicionales "cantareros de azacán", con uno o más burros sobre los que se cargaban de cuatro a seis cántaras de agua.
• los que llevaban el cántaro al hombro y podían subir con él hasta los domicilios de vecinos, corralas, etc.
A estos habría que añadir los vendedores ambulantes, muchos de ellos chiquillos o mozas de cántaro, que iban por la ciudad voceando su mercancía, "¡agua fresca!", con una pequeña cesta y uno o más vasos o jarrillos.[nota 2] Estos últimos eran muy populares en las procesiones religiosas o actos públicos diversos. Más tarde se introdujo la costumbre de servir el agua acompañada de unas gotas de anís, limón, azucarillos, canela y otros sabores atractivos.
12- 1970. 'Ella esperaba en su vitrina verme doblar aquella esquina, como una novia'
Auarela: Lamina 26x36 cm
Era la Gloria vestida de tul
con la mirada lejana y azul
que sonreía en un escaparate
con la boquita menuda y granate,
y unos zapatos de falso charol
que chispeaban al roce del sol.
Limpia y bonita. Siempre iba a la moda.
Arregladita como pa' ir de boda.
Y yo, a todas horas la iba a ver
porque yo amaba a esa mujer
de cartón piedra,
que de San Esteban a Navidades,
entre saldos y novedades,
hacía más tierna mi acera.
No era como esas muñecas de abril
que me arañaron de frente y perfil.
Que se comieron mi naranja a gajos.
Que me arrancaron la ilusión de cuajo.
Con la presteza que da el alquiler,
olvida el aire que respiró ayer.
Juega las cartas que le da el momento:
"mañana" es sólo un adverbio de tiempo.
No, no. Ella esperaba en su vitrina
verme doblar aquella esquina...
Como una novia,
como un pajarillo, pidiéndome:
"libérame, libérame...
y huyamos a escribir la historia".
De una pedrada me cargué el cristal
y corrí, corrí, corrí con ella hasta mi portal.
Todo su cuerpo me tembló en los brazos.
Nos sonreía la luna de marzo.
Bajo la lluvia bailamos un vals,
un, dos, tres, un, dos, tres... todo daba igual.
Y yo le hablaba de nuestro futuro,
y ella lloraba en silencio... os lo juro.
Y entre cuatro paredes y un techo
se reventó contra su pecho
pena tras pena.
Tuve entre mis manos el universo
e hicimos del pasado un verso
perdido dentro de un poema.
Y entonces, llegaron ellos.
Me sacaron a empujones de mi casa
y me encerraron entre estas cuatro paredes blancas,
donde vienen a verme mis amigos
de mes en mes...,
de dos en dos...,
y de seis a siete...
Acuarela: lámina 26x36 cm
"Yo es que he pensado que a mí también me gustaría ser intelectual, como no tengo nada que perder"
R.A.
Acuarela: lámina 26x36 cm
Nosotros nunca pensamos en emigrar sino en echar raíces. Mi padre nos narraba los sufrimientos a los que los emigrantes eran sujetos durante su estancia en Alemania. Deseaba evitarnos el dolor que él mismo sintió al llegar a una tierra donde no se hablaba el castellano y donde se vivía frío, hambre y discriminación. Reconocía las ventajas económicas de ser trabajador inmigrante en Alemania pero estaba también sensibilizado del “precio de sangre” que se debía ofrendar a cambio.
Acuarela: lámina 26x36 cm
"Como vuestra líder, os animo a que cada cierto tiempo y siempre de una manera respetuosa, cuestionéis mi lógica. Si no estáis convencidos en un plan de acción particular que yo he pensado que es el más sabio, decídmelo, y os prometo aquí y ahora que en un futuro ningún tema será tabú... excepto, por supuesto, el tema que justo acabamos de discutir. El precio que vais a pagar por sacar mis raíces chinas o americanas como algo negativo es... que os cortaré vuestra puta cabeza. Justo como a este cabronazo. Ahora, si alguno de los hijos de puta aquí presentes tiene algo que decir ahora es el puto momento para hacerlo".
Kill Bill
Acuarela: lámina 26x36 cm
- El muelle es como las rocas; está aquí y nadie lo toca - dijo el anciano.
- El muelle está más cerca del cielo que de la tierra - dijo una mujer.
- Tú no sabes donde empieza el cielo - dice el turista americano.
- Cinco metros sobre mi mano levantada, señor, y el muelle cuatro - dice un joven del pueblo.
- El muelle es nuestro - se enojó el americano.
- Eso no nos lo había dicho nadie hasta hoy - de nuevo dice el viejo.
- Porque es nuestro y nosotros lo hemos comprado - sigue el turista que saca un papel de la cartera.
- ¡Miren! - empezó a gritar.
- En el papel estaba escrito: - Quien posee este documento tiene el derecho de quitar el muelle y llevarlo donde quiera.
- El muelle dejará de ser útil si lo desmantelan- dice el joven.
- Pero será nuestro. Y alégrense que les dejamos el resto del pueblo.
Acuarela: lámina 26x36 cm
Hans Muller, hijo único y tardío de un matrimonio de burgueses alemanes encontró refugio personal y espiritual en la secta católica de Munich, en la que acabó colaborando activamente. Fue condenado a muerte y quemado en la hoguera, en el espectacular auto de fe del 21 de mayo de 1599.
Acuarela: lámina 26x36 cm
Nadie sabe donde está Torrecoso aunque lo más probable es que sea parte de la Toscana oculta. Sus habitantes no saben la verdadera identidad de sus padres porque una antigua maldición recae sobre la ciudad. Solo los que descifran el jeroglífico de “Los ojos de Julieta” pueden detenerla y que sus hijos puedan reconocerlos.
Acuarela: 26x36 cm
– ¿Tres horas para almorzar?
– Sr. Ambruster… Aquí no nos vamos corriendo a la cafetería a comernos un bocadillo con un refresco. Aquí vamos piano, piano. Cocinamos nuestra pasta, luego le echamos queso, bebemos vino y amamos.
– Entonces, ¿qué hacen por las noches?
– Volvemos a casa a ver a nuestras esposas.
Avanti
Acuarela: lámina 26x36 cm
El 2 de febrero no es sólo el Día de la Marmota. En Francia se celebra la festividad de La Candelaria, La Chandeleur en francés, si bien en el país vecino se conoce popularmente como el Día de la crêpe. Este día es tradición que familias y grupos de amigos se reúnan en sus casas para cocinar crêpes. También es muy habitual que los escolares hagan lo mismo en los colegios.
Para tener suerte todo el año, la tradición también manda que se cocinen las crêpes sujetando en la mano que queda libre una moneda de oro (o en su defecto, una moneda cualquiera), que protegerá a la familia de la falta de dinero durante todo el año. Mientras tanto, con la otra mano se maneja la sartén y se voltea la crêpe en el aire, intentando que vuelva a caer entera en la sartén. Cada miembro de la familia tiene que participar cocinando por lo menos una crêpe.
Acuarela: lamina (A3)
La gente de Vallecas no tenía otra cosa que la unidad de fortaleza. Estábamos muy unidos y había mucha gente que hacía política unida
Auarela: lámina 26x36 cm
Es de noche, estoy solo en casa, las luces apagadas, sentado frente al laptop. De repente, ¡algo cruje sobre mi cabeza! Se me ponen los pelos de punta. Me doy la vuelta bruscamente y miro hacia el interior de la habitación. Veo algo negro y del tamaño de un balón de fútbol, volando a toda velocidad. Me asusté mucho. Me levanto de un salto y enciendo la luz. Resultó ser un murciélago. Pasan el rato en el ático, y este se coló por un hueco en el techo del cuarto de baño (hacemos una remodelación allí). Lo agarré, muy pequeño, le abrí las alas, pareció un monstruo. Lo dejé volar.
Acuarela: lámina 26x36 cm
Al caer perdí sin duda el conocimiento. Sólo recuerdo dos ojos que me miraban y el último vaivén de la bicicleta, como si una enorme nodriza me acunara en sus brazos. Cerré los párpados, vagué por mundos desconocidos. Después un pitido ensordecedor en el oído me devolvió a la realidad: el encuentro duro de la tierra. Después nada me comunicaba con esa tierra, salvo la sensación de una hoguera que se apaga y deja la ceniza gris parecida al silencio. Solo los ojos que me miraban seguían conectándome con la vida.
Acuarela: lámina 26x36 cm
A lo mejor resulta que las guerras nos gustan mucho, porque si no fuera así, quizá no habría habido tantas. Si no se pueden evitar, por lo menos despojémoslas de esas falsas capas de honor, gloria y patriotismo en las que vienen envueltas y que a tantas gentes engañan. Empleemos las armas para alertar de sus mentiras y de toda esa pomposidad con la que lo obviamente nefasto se presenta a nuestros ojos como heroico.
Acuarela: lámina A3
¡Qué olor a pedo! ¡En el lavabo y aquí! ¡Es como si acabara de estar mamá, pelléndose a culo lleno! ¿No lo oléis, vosotras?
P.A.
Acuarela: lámina A3
Cinco años han pasado desde que Johnny y Vienna rompieron su relación y, tras su reencuentro, renacen esas emociones que parecían enterradas. Ella le dice que no ha estado esperando su regreso, que ha habido otros hombres en su vida. "Cuando un fuego se extingue, solo quedan cenizas", asegura. Johnny, en una escena posterior, no puede evitar hacer esa pregunta que le ronda desde aquella conversación: "¿A cuántos hombres has olvidado?". "A tantos como mujeres tú recuerdas", le responde ella. Es el diálogo más recordado de la película.
"Miénteme. Dime que me has esperado estos cinco años", le pide. Vienna lo repite, también que se habría muerto si él no hubiera llegado. "Y que todavía me quieres como yo te quiero a ti", le ruega. Ella lo hace, él le da las gracias, pero al final esas emociones contenidas salen a la superficie y Vienna acaba por confesarle sus verdaderos sentimientos.
Philip Jordan
Acuarela: lámina A3
¿Existe alguna posibilidad, por pequeña que sea, de salvar lo nuestro?
P.A.
Acuarela: lámina A3
-Pepa a Marisa: "Cuando entré por esa puerta era virgen y ahora tengo la impresión de que ya no lo soy. Ahora que me lo dices, ¿tú sabes que se te ha quitado la tirantez esa de las vírgenes? Es que las vírgenes son muy antipáticas…"
P.A.
Acuarela: lámina A3
Parece que le gusto. Ladea el rostro y con los labios levantados musita algo que no escucho. No sé, puede ser sobre la estrechez dentro del vagón. El deber ser o lo que no debe ser, pero que nadie cumple. El vaivén de las curvas favorece la misma estrechez y la que tengo atrás tiene algo punzante que molesta. Ojalá no sea eso que pienso, tiene como rostro de transfor.
Acuarela: lámina A3
Es más, en sólo una, me lo dicen la experiencia y los medios de comunicación de este país. Dios, ojalá pase el tiempo y no me dé cuenta, solté, ahora sin preocuparme de que me oyeran. Algunos rostros curiosos voltean a verme.
Acuarela: lámina A3
Sí, a veces todo pasa rápido sólo pensando en vainas, y resulta, puedes imaginarte cosas, recordar la última película que viste, el libro que estás leyendo, las posiciones que le harás a tu esposa por la noche, si tienes alma todavía, porque los días son duros.
Acuarela: lámina A3
Con el cambio de trabajo enfrentaría a diario trece de ida que, sumadas a las de vuelta, resultarían en la cifra inicial. Qué son veintiséis estaciones, repetí. Miento, por ahora sólo me tocan trece. Al regresar me ocuparé de la otra mitad, pero en trece puede suceder cualquier cosa.
Acuarela: lámina A3
Qué son veintiséis estaciones, musitaba, para restarle fuerza al hecho de ir y venir (incansable) de un extremo a otro de la ciudad, hasta que se diera el tiempo para la jubilación.
Acuarela: lámina A3
No me llames pesá, que estoy muy sensible. Es que no estoy curada”
P.A.
Acuarela: lámina A3
¡Tened cuidaíco!
Pienso que ojalá hagan lo mismo con mi madre, esté donde esté... ¿Ves qué moderna era? La única hippie del pueblo. Mira las joyas de plástico. ¡Un plástico buenísimo! Cada vez que me hago un porro me acuerdo de ella…
P.A.
Acuarela: lámina A3
No me digas eso, Raimunda, que me pongo a llorar... Y los fantasmas no lloran.
P.A.
Acuarela: lámina A3
-Después de quince minutos quería casarme con ella. Y después de media hora había abandonado completamente la idea de robarle el bolso.
(Toma el dinero y corre, 1969).
Acuarela: lámina A3
Para las cosas malas las dos juntas, para las buenas tú sola.
P.A.
Acuarela: lámina A3
-Candela: "Pepa, yo no sabía dónde presentarme. Yo no podía ir a Málaga con esta papeleta... Bastante es que soy modelo".
P.A
Acuarela: lámina A3
-Pepa y el mambo-taxista: "Siga a ese taxi!". "Creía que eso solo pasaba en las películas"
P.A.
Acuarela: lámina A3
-Vecina de Pepa: "¡En esa moto no se sube otro chocho más que el mío!".
-Pepa: "¡Es mucho más fácil aprender mecánica que psicología masculina! Una moto puedes llegar a conocerla, a un hombre jamás".
P.A.
Acuarela: lámina A3
-La portera del edificio a Iván: "¡Lo siento señorito, pero yo soy testiga de Jehová y mi religión me prohíbe mentir! Yo sólo puedo decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. ¡Ya me gustaría a mí mentir, pero eso es lo malo de las testigas que no podemos!".
P.A.
Acuarela: lámina A3
Es lo bueno de estos pueblos tan supersticiosos. Para mí ha sido más fácil seguirles la corriente que contar la verdad. Yo pensé que un día me llevarían presa, no podía imaginar que nadie investigaría ni me castigaría, aunque todo este tiempo te juro que he estado viviendo en un auténtico purgatorio.
P.A.
Acuarela: lámina A3
-Candela a Carlos: "Pues Carlos que me perdones por lo del tartamudeo, que es a veces soy muy bruta... De todas formas, tú te pasaste un poquillo. Vamos tú comportamiento no estuvo bien. Lo sé porque muchos hombres se han aprovechado de mí siempre. Yo me he dado cuenta, pero tarde. Si me hubiera dado cuenta antes, pero... Sin ir más lejos, fíjate, el mundo árabe cómo se ha portado conmigo, y eso no me lo merezco".
P.A.
Acuarela: lámina A3
"Trae algo de Góngora, que tengo yo cuerpo de Góngora…"
R.A.
Acuarela: lámina A3
“Me llaman La Agrado, porque toda mi vida solo he pretendido hacerle la vida más agradable a los demás. Además de agradable soy muy auténtica. ¡Miren qué cuerpo! Todo hecho a medida. Rasgado de ojos, 80.000. Nariz, 200. Tiradas a la basura porque un año después me la pusieron así de otro palizón. Ya sé que me da mucha personalidad, pero si llego a saberlo, no me la toco. Continúo: tetas, dos, porque no soy ningún monstruo. 70 cada una, pero estas las tengo ya superamortizadas. Silicona en labios, frente, pómulos, caderas y culo. El litro cuesta unas 100.000, así que echad las cuentas porque yo ya la he perdido. Limadura de mandíbula, 75.000; depilación definitiva láser (porque la mujer también viene del mono, tanto o más que el hombre), 60.000 por sesión. Depende de lo barbuda que una sea lo normal es de dos a cuatro sesiones, pero si eres folclórica necesitas más, claro. Bueno, lo que les estaba diciendo: que cuesta mucho ser auténtica, señora, y en estas cosas no hay que ser rácanas, porque una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de si misma”.
Todo sobre mi madre
Acuarela: lámina A3
-Pepa al policía: "¿Le importa que me siente? Si tengo que abrirle mi corazón prefiero estar cómoda".
P.A.
Acuarela: lámina A3
Esto ocurrió en aquellos años en que una gallina costaba dos pesetas y O Vicedo era más frondoso.
Acuarela: lámina A3
"¿Queréis saber cuál es vuestro problema? MTV, la Playboy y la puta Madison Avenue", "Por perfecto que sea el pezón o por torneado que esté el muslo, debe haber alguna otra mierda en la relación aparte del físico... el cuerpo envejecerá, ¿vale? Y vosotros, como género, tenéis que poneros las pilas o el futuro de la raza humana estará en peligro".
Beautiful Girls
Acuarela: lámina A3
"Llamar a alguien gorda no te hace estar más delgada, llamar a alguien estúpida no te hace más lista y arruinarle la vida a alguien no me hizo más feliz, todo lo que puedes hacer en la vida es intentar resolver el problema que tienes delante".
Chicas malas
Acuarela: lámina A3
Si paseas por Kuala Lumpur en sábado, uno de los lugares que hay que visitar es el mercadillo de la Pequeña India. Allí avanzarás entre gente que se aprieta como les gusta a los Hindúes, que parecen disfrutar con la falta de espacio personal.
Tiene su propio mendigo que bloquea la puerta de uno de los templos y que tiene múltiples enfermedades terribles que usa para conseguir dinero. En el mercado su estrategia es fijar objetivo, caer sobre ti, abrazarse a ti y no te suelta hasta que le das algo. Cuando se fijó en mi se fue acercando sigilosamente, se preparó y cuando quiso abrazarme di un salto y se dio un trompazo de órdago. Además de partirme de risa con la multitud, solo por su mirada de odio profundo que neutralicé con otra de odio intenso mereció la pena la visita al mercadillo.
Por lo demás, puestos de chucherías y cosas para turistas, mucha comida exótica e hindúes tratando de timarte, como en todos los sitios.
Acuarela: lámina A3
El del puesto de enfrente es el hermano de mi mujer, mi cuñao. Aquí todos somos un poco seleccionadores y políticos…
Pero el mejor de todos, mi cuñado. Siempre tiene el prefijo de “mas”. Es como los documentales. Si a un volcán lo describes como un volcán de la región del Okiwango, pues lo describes como si fuera un humilde fumarola, pero si le pones “el más mortífero del planeta..”, pues ya es otra cosa…
Pues con mi cuñado, pasa lo mismo, usa el “mas” para todo…: Y lo sabe de buena tinta porque conoce al primo del ministro… al hermano del periodista deportivo… al...
Acuarela: lámina A3
– Mira, Chepe. Ya sabes que a donde siempre vais no hay muchas tiendas. Ni de fundas voy a estar encerrada, a lo viuda o solterona, en cualquier residencia barata de vereda, aguantándome los piropos guaches de los viejos verdes que abundan en los mercadillos de los poblachos latinos. ¡Vete tranquilo que yo me las apaño aquí sola!
Acuarela: lámina (31x41 cm)
Érase una vez, en la ciudad de Bagdad, un criado que servía a un rico mercader. Un día, muy de mañana, el criado se dirigió al mercadillo para hacer la compra. Pero esa mañana no fue como todas las demás, porque esa mañana vio allí a la Muerte y porque la Muerte le hizo un gesto.
Aterrado, el criado volvió a la casa del mercader.
—Amo —le dijo—, déjame el caballo más veloz de la casa. Esta noche quiero estar muy lejos de Bagdad. Esta noche quiero estar en la remota ciudad de Ispahán.
—Pero ¿por qué quieres huir?
—Porque he visto a la Muerte en el mercado y me ha hecho un gesto de amenaza.
El mercader se compadeció de él y le dejó el caballo y el criado partió con la esperanza de estar por la noche en Ispahán.
Por la tarde, el propio mercader fue al mercadillo, y, como le había sucedido antes al criado, también él vio a la Muerte.
—Muerte —le dijo acercándose a ella—, ¿por qué le has hecho un gesto de amenaza a mi criado?
—¿Un gesto de amenaza? —contestó la Muerte—. No, no ha sido un gesto de amenaza, sino de asombro. Me ha sorprendido verlo aquí, tan lejos de Ispahán, porque esta noche debo llevarme en Ispahán a tu criado.
Bernardo Axtaga: Obabakoak (1993)
Acuarela: lámina (31x41 cm)
Somos feriantes desde siempre y vendemos cualquier cosa pero lo de ayer… Mi hermana pequeña fue vendida por error. Mi padre se encoje de hombros “Tampoco es pa tanto, esto le pasa a cualquiera”. Así que yo, para recuperar a mi hermana pongo a la venta a mi abuela paterna, en oferta. Y entonces se lía parda. Mi familia se convierte en un rastrillo donde primos, tíos y hasta el perro cambian de dueño constantemente. Y me arruinan el negocio.
Por mi abuela no puja nadie.
Acuarela: lámina (31x41 cm)
¿A dónde van los gatos cuando no están con nosotros? ¿Qué se les pasa por la cabeza cuando nos miran fijamente?
Acuarela: lámina (31x41 cm)
Había una puesto de ropa muy popular en nuestro mercadillo que nunca me gustó. Nunca encontraba nada para mí. Tenían grandes cestos en la calle donde se amontonaba todo.
Un día vi en una cesta mi sueño: ¡un abrigo de piel de oveja tan bonito!. Siempre había querido uno. Lo cogí, empecé a darle vueltas, a mirarlo, a buscarle fallos. -Quiero probármelo-. De repente, una mujer se abalanzó sobre mí y me quitó el abrigo. Resulta que era suyo. Lo había dejado en el cesto para probarse una cazadora. ¡Ay! Mi abrigo.
Acuarela: lámina (30x41 cm)
Lo malo no es vender, lo malo es verbalizar.
Yo vendo, tú vendes, él vende, nosotros vendemos y vosotros vendéis.
Y ahora con el género femenino.
Yo vendo, tú vendes, él vende, nosotras vendemos y vosotras vendéis.
Y ahora para comprar, verás que risas.
Acuarela: lámina (31x41 cm)
Mamá busca afanosamente la fragancia adecuada, Yo la ayudo: olfateo muestras, voy de un escaparate a otro. En un momento dado, le grito: -¡Mamá, ven rápido, huélelo! Bueno, ¡huélelo! Vamos, mamá-. -Voy, ya voy espera un poco. A ver, ¿cómo de fabulosa es esa fragancia que has encontrado?-. -Mami, huele a... huele a... ¡a perro mojado! como nuestro caniche después de llover.
Acuarela: lámina (31x41 cm)
Era un desastre, había gente esperando su turno y el vendedor sin inmutarse. Delante de mí había un hombre delgado de unos 60 años con comida para gatos, un repollo y algunas otras cosillas. El vendedor se queda pensativo al ver el repollo. Así que, como siempre:
— ¡Elena! ¿Cuál es el código del repollo?
— ¿Qué repollo? ¡No tenemos repollo!
— ¡Señor, no tenemos repollo! ¿De dónde lo ha sacado?
— Bueno, si no lo tienen aquí es que lo traje conmigo.
Acuarela: lámina (31x41 cm)
Gotas de agua descienden del cielo solo para tocar tierra firme, levantamos la mirada, y efectivamente, nuestros ojos comprueban lo que los cuerpos sienten, esta lloviendo.
Esa lluvia que nos trae escusas, saltos, chubasqueros. Esa lluvia que consigue que mojarse sea un juego.
Acuarela: lámina (31x41 cm)
Moucha, la bruja, tiene el libro de San Ciprián con todos los conjuros necesarios para curar a los ameigados.
Acuarela: lámina (31x41 cm)
En la mar también hay espíritus. La Santa Compaña navega por allí de vez en cuando, para susto de quienes creen verla de lejos. Nadie quiere tomar el testigo del penitente que saluda brazos en alto por lo que todos vuelven la cara evitando mirar tan fantasmal comitiva. Esta barca solo aparece en lugares como la bajura, en los océanos la gente es más seca y carece de fantasía.
Acuarela: lámina (31x41 cm)
Lo que imaginamos como un día feliz de playa, se convirtió en una peli de terror. Nino cogió la racha y nos ganaba todas las bazas. Empezamos a mirarle mal, pero no se daba por aludido. Al final de los cuatro que jugabamos solo volvimos tres.
Acuarela: lámina (31x41 cm)
Marica de Fame vive míseramente con sus hijos Fuco y Pilara, es tan pobre que no tiene más tierra que la que le hayan de dar al morir en el cementerio.
Acuarela: lámina (31x41 cm)
Las hermanas Roade llegaron de la ciudad porque la humedad de la costa las enfermaba y aunque la noche del bosque es más oscura que en la capital, su salud ha mejorado sensiblemente.
Acuarela: lámina (31x41 cm)
Antes de que empiecen los ronquidos y no pueda concentrarme, intentaré describir el objeto que tengo delante. A veces lo parece, pero no es una maceta. Es algo voluminoso que mira el televisor y en ocasiones se mueve e incluso se desplaza. «Padre -le digo-, ¿por qué no sale un poco a tomar el fresco?».
Acuarela: lámina (31x41 cm)
Si salimos de la plaza del ayuntamiento nos encontramos de lleno con la marina, o A Mariña, como la llaman los gallegos. Aquí es donde empieza el paseo marítimo, que tiene trece kilómetros de longitud y envuelve la ciudad, pues el punto final es Portiño, al otro lado de A Coruña. El paseo invita a recorrerlo a pie o en bicicleta.
Acuarela: lámina (31x41 cm)
Las moscas acompañan al rebaño. Han encontrado la igualdad social y junto a las ovejas son felices aunque, en su uniformidad, las moscas no se escuchan unas a otras porque todas piensan lo mismo.
Entre las moscas hay solidaridad, incluso realizan actos terroristas como desagravio a los ataques que sufren (se introducen en los oídos de los hombres, en su comida, en su bebida, y molestan hasta volverlos locos). Las moscas cuando se saludan no se desean un buen día o una buena noche, se dicen: “¡Que el hombre te ignore!”.
Acuarela: lámina (31x41 cm)
Desde que nos dijeron en Bruselas que había huelga de controladores en Francia, sin ser cierto, desde que la sargento impasible cambio de opinión, desde que el “diligente” se afanó para que perdiera el vuelo, hasta que la controller reconoció el impensable fallo todo ha sido un cuento tras otro, para las victimas, nosotros.
Acuarela: lámina (31x41 cm)
El pasajero del asiento 7 le pregunta al pasajero del 9
-Si vieras a un belga ahogándose en el canal y tuvieras que elegir entre salvarle o grabarle, ¿Qué zoom usarías?
Acuarela: lámina (31x41 cm)
La pasajera del asiento 45 es un cleptómana que siempre lleva un bolsón vacío que va llenando de recuerdos arrebatados en hoteles y restaurantes.
Acuarela: lámina (31x41 cm)
La guía nos presenta el paseo por Blankerberge de la siguiente manera: “Hoy vamos a contemplar dos mil años de historia flamenca, así que intenten no cabecear o se perderán un siglo”.
Acuarela: lámina (31x41 cm)
El pasajero del asiento 23, al contrario de su esposa, tiene tantas ganas de hacer este tour como de domar leones en celo, pero acepta hacerlo porque quiere alejar a su apasionada hija adolescente de un novio más que predispuesto al sexo.
Acuarela: lámina (31x41 cm)
El viejo del asiento 14 es un solterón sobreviviente a la Segunda Guerra Mundial ansioso por visitar de nuevo los sitios que conoció en combate y reencontrarse quizá con su novia de guerra, Gina.
Acuarela: lámina (31x41 cm)
El acompañante del asiento 34 es un actor astuto, sugiere que su padre es un gay enclosetado, partiendo del dato que no puede superar la obsesión por la perdida de su mujer.
Acuarela: lámina (31x41 cm)
Las monjas de la última fila son activistas propagandistas, que se pasan todo el tiempo machacando con canciones horrorosa. Nos han dicho que han reclutado a un niño que no para de mear ????
Acuarela: lámina (41x31 cm)
El pasajero del asiento 12 es un hombre de ascendencia flamenca que quiere conocer a sus parientes, en Brujas huyó de una boda imprevista con una adolescente linda pero obesa a la que lo quieren someter por la ventana de un baño cayendo en pleno canal.
Acuarela: lámina (31x41 cm)
El pasajero que se esconde en el asiento detrás de la guía va en viaje sexual. Se conforma con sacar fotos y filmar a deslumbrantes señoritas.
Acuarela: lámina (31x41 cm)
La señora del asiento 4 era una maníaca del papel higiénico, afición que le contagió al marido.
Auarela: lámina (15x30 cm)
Fuimos a buscar un jubilado nuevo, porque el que teníamos estaba ya muy viejito y no nos servía para nada. El primero que nos enseñaron era de muy buena calidad, elegante, perfecto para las fotos de familia y a juego con los muebles del salón, pero parecía bastante aburrido y salía un poquito caro.
A mí me gustó el que contaba chistes verdes, lo que pasa es que traía diabetes y tenía mal aliento. También intentaron vendernos un par que, si te los llevabas juntos, te hacían descuento y te regalaban los bastones, pero no nos pareció práctico. Así que finalmente nos quedamos con el que teníamos, que tiene una dentadura de recambio y sabe volar cometas.
Acuarela: lámina (23x31 cm)
Una vez le hice un hechizo de amor a una chica que se transformó en un deseo sexual irrefrenable. A los dos meses más o menos, los encuentros empezaron a fracasar. Me dejaba plantado y se iba de fiesta con sus amigas. Me dijo que parecía un demonio cuando teníamos sexo y, siendo atea y escéptica, hasta me preguntó: "¿No me hechizaste o algo así?".
Acuarela: lámina (25x31 cm)
Si miro al suelo los veo como si el reflejo me devolviera una versión desdibujada de ellos y ni aún así termino de entender por qué las cosas salieron como salieron.
Acuarela: lámina (21x31 cm)
Acabó Arquitectura y el mercado laboral le vistió con una corbata roja y un traje barato. Tardó 8 meses en vender su primer piso y ha llegado a enseñar ¡61! veces uno antes de venderlo. Se define como un “mediador social” y es, desde años, agente inmobiliario.
Acuarela: lámina (25x31 cm)
Son personas con problemas para dormir que reciben visitas de seres de otro planeta a los que describen como lechuzas y que hablan en el antiguo idioma sumerio.
Acuarela: lámina (21x31 cm)
Quería centrarme en lo invisible: la espera, el miedo, el insoportable sonido del silencio cuando no sabes. A veces lo que no se sabe es más devastador que lo que se sabe.
Acuarela: lámina (25x31 cm)
"Cuando escuché por primera vez la voz de Hind Rajab sentí algo más allá de sus palabras. Era la voz de la propia Gaza pidiendo ayuda y nadie podía contactarla"
Acuarela: lámina (15x30 cm)
¡Se están muriendo divinamente, te lo juro! De los años que llevo de colono nunca había visto a nadie morirse tan bien como se están muriendo estos palestinos. Qué irse, qué apagarse, con qué parsimonia. Estoy disfrutando que no te lo puedes ni imaginar.
Acuarela: lámina (30x30 cm)
Son jubilados que se han quedado sin obras.
Acuarela: lámina (21x31 cm)
Por unas cosas o por otras son expertos en recibir <<NO>> y <<VETE>>. Y hasta algunos lo superan.
Acuarela: lámina (21x31 cm)
Pecadores clásicos entre sonrisas pícaras, chivatas o cómplices, en el campo abierto de los expedientes, despachos y de gestión.
Responden a apetitos materiales (avaricia, lujuria y gula); también de los que reflejan el poderío psicológico de quien ocupa un cargo (soberbia, envidia e ira) o los que son propios de casi todo el mundo (pereza). Pero como la vida va más deprisa para ellos, también pecan de frivolidad, intransigencia y oportunismo.
Acuarela: lámina (26x36 cm)
Su amigo invisible era único, como el de cada cual, uno e intransferible. Se sentía afortunado de tener a alguien para él solo, entre otras cosas porque pensaba que solo le sucedía a él. Alguien mediocre, a veces ninguneado que era premiado, por no entendía que fuerza del Universo, con un amigo especial. La peculiaridad más relevante es que siempre iban juntos, era como si no pudiesen separarse, como si al ser uno la sombra del otro, desaparecido uno, esfumados ambos. Así que vivía con esa satisfacción de que nunca más se sentiría solo, porque ahora experimentaba todo al unísono junto a su amigo secreto, invisible para los otros y para él presente contundentemente.
Acuarela: lámina (26x36 cm)
Si de una cosa estoy seguro que va a pasar la semana que viene es que no me va a tocar la lotería. Bueno, de eso y de que la frase más repetida será la de "hipotecas a tipo fijo".
Acuarela: lámina (26x36 cm)
Mi papá trabaja en la Comunidad de ISA, en el departamento de Comunicación de MAR, su jefe. Yo no acabo de saber en qué trabaja mi papá pero si se que su jefe les premia con los regalos más inútiles.
En una ocasión, tras varios meses sin accidentes laborales, repartieron una espátula para voltear crepes con el logo de “seguridad” impreso. La primera vez que la usamos, el borde mal limado de plástico le hizo un profundo corte en la mano a mi papá. Fue un corte serio, y la sangre terminó esparcida por toda la cocina.
Acuarela: lámina (26x36 cm)
Como un detective que investiga un crimen y no se da cuenta de que él mismo es el asesino, o un camaleón que se mimetiza tanto con una pared blanca que se vuelve invisible, incluso para sí mismo, olvidando su misión.
Acrílico: lámina (26x36 cm)
Estamos celebrando que hemos enviado todo lo que se nos pedía, a tiempo, sin ningún error, sin problemas de control de calidad, sin hacer nada poco ético.
Acuarela: lámina (26x36 cm)
"Cuando se dieron cuenta se largaron a llorar"
Acuarela: lámina (31x41 cm)
La Prazuela suena, se comunica y las piedras se hablan entre sí. Está viva. Además, sus sonidos son distintos según el estado de ánimo. No dice las mismas cosas de día, cuando lo transitan los humanos o de noche, cuando la luna le da un halo plateado y embellece todo. No suena igual si hace sol o si está lloviendo; cuando llueve los goterones hacen ruido de pisadas y parece que camina llena de gente en marcha.
Acuarela: lámina (31x41 cm)
Estas gentes de nasa nos sumergen en un mar encabritado. Un mar donde se encuentra la Vida, así con mayúscula, y también, como no, la Muerte porque la una no es posible sin la otra.
Acuarela: lámina (31x41 cm)
Los días empiezan cuando el sol apenas se despeja.
Y en medio de la confusión...
Las aguas de la Ría, el trabajo constante y una tradición que se transmite de generación en generación.
Acuarela: lámina (31x41 cm)
Que se encarguen de inmediato de quitar la niebla de la Torre de Hércules. Hacía un día buenísimo en toda la ciudad excepto en el faro donde no se veía nada. Venimos desde Betanzos para verla. Una desilusión. No sé quién se encarga de eso pero deberían solucionarlo de inmediato.
Acuarela: lámina (31x41 cm)
Soy el ánima de Fiz de Cotovelo, que anda penando por estos caminos, en busca de un cristiano...
-"¿Qué quieres de mí, unas misas?"
-"Lo has dicho como si las llevaras en el bolsillo" ¡Espera, yo no quiero hacerte daño! ¡Escucha! ¡Solo te pido...! Que gente, que gente... Que gente.
R.A.
Acuarela: lámina (21x31 cm)
Santiago es una parroquia de Galicia rugosa, pétrea y amena. Para representar gráficamente su suelo bastaría entrecruzar los dedos de ambas manos, que así se entrecruzan sus callejuelas, sus mercados y sus gentes, todos de pendientes suaves.
Acuarela: lámina (31x41 cm)
No todos los fantasmas procesionan en grupo, algunos van por libre y en solitario. Ese es el caso de alguno que no cumplió su promesa de acudir a San Andrés de Teixido y anda penando desconsolado para disgusto del crego que ve mermado el cepillo desde que en el pueblo se corrió la voz de que un espíritu generoso deambula por Santiago.
Acuarela: lámina (31x41 cm)
En Madrid se quejan cuando caen cuatro gotas. La gente se enreda y no sabe conducir. Aquí es al revés. Sale el sol, la gente perdida. ¿Cómo se quitaba el limpia?. No lo sé no. Cuando dicen los anuncios estos de medicamentos. Este medicamento hay que guardarlo en lugar seco. La gente se vuelve loca buscando que es eso del lugar seco.
Acuarela: lámina (31x31 cm)
Pedí unos narcisos cuando hice la compra online al supermercado y no llegaron, así que puse una queja y me devolvieron el dinero. Resulta que Pepe (mi marido) se pensó que eran cebolletas y llevaban en la nevera desde hacía tres días.
Acrílico: lámina (26x36 cm)
Tengo un recuerdo bien claro de hace más de muchos años, sentado en clase, escuchando al maestro con su voz monótona y mirando el reloj que a veces se paraba, hacía un "clonk", y luego saltaba hacia adelante o hacia atrás como un minuto.
Mientras me esforzaba por no quedarme dormido, la manecilla se fue para atrás y gruñí en voz alta. Don Evaristo me fulminó con la mirada.
Qué cosa más rara para recordar, pero lo tengo tan presente como una escena de una película.
Acuarela: lámina (26x36 cm)
Pero al día siguiente, en el tablón de anuncios del café solo había una advertencia. Ésta:
“El bastón con que la Empresa de este café golpeó al señor Escatrón al echarle ayer a la calle está fabricado en la conocida Casa Laguarte y Rojas”.
Acuarela: lámina (26x36 cm)
Y de pronto Escatrón se dio un golpe en la frente con el bastón y se hizo un cardenal. Acababa de hallar el medio de no arruinarse por culpa del sastre o del sombrerero. Confeccionó muchas etiquetas para sujetarlas a su vestuario con alfileres. De ese modo los clientes a los que servía podían leer etiquetas colgadas como:
“Este frac está confeccionado por Pérez Hermanos”.
“Estos guantes son de la Casa de Pildlo”.
“Esta camisa está fabricada por Garrete”.
“Estos botines son de Rafelloso y Compañía”.
“Mi leontina, del acreditado establecimiento La Rosa Verde”.
Y seguían tantas advertencias como prendas llevaba a la vista.
Acuarela: lámina (26x36 cm)
“Bien, veamos. En este momento, por ejemplo lo haitianos necesitan venir a América, pero muchas personas piensan que eso acabará con nuestros recursos. Sin embargo es como cuando yo di una fiesta por el cumpleaños de mi padre. Pedí que confirmaran la asistencia porque era una cena sentados, pero vinieron varias personas que no la habían confirmado lo que me irritó muchísimo. Tuve que correr a la cocina, redistribuir la comida y colocar más mesas y sillas, pero al final fue muy divertido tener a más gente. Así que si el gobierno hace un esfuerzo y va a la cocina, podríamos muy bien cenar con los haitianos. En conclusión: creo que es importante que recordemos todos que en la Estatua de la Libertad no se exige confirmación de asistencia".
Fuera de onda
Carboncillo: (35x50 cm)
Venían sin trabajo ni dinero para iniciar una nueva vida. Compraban un terrenito a vendedores sin escrúpulos, que les mostraban un plano y un número, firmaban un contrato simple de compraventa y a pagarlo a plazos y construir como fuera con sus propios medios.
Acuarela: lámina (26x36 cm)
Vivía desesperado, como un personaje de Sófocles. Cierta tarde, al pie de la terraza, leyó la siguiente advertencia: “La máquina de hielo que estaba en el aparador de la entrada se ha roto. He conseguido una de segunda mano, gratis, de la casa Robiss Klark y Compañía. Cuando sirváis bebidas con hielo recalcar a los clientes que es por cortesía de Robiss Klark y Compañía”. Se separó de allí insultando mentalmente al empresario. Aquel don Joaquín era un miserable que, con tal de no comprar una máquina nueva, recurría a pedirla prestada a una fábrica, a cambio del anuncio…
Acuarela: lámina (26x36 cm)
Sin embargo, el guardarropa de Escatrón era insuficiente, y cada nueva temporada le obligaba a hacer siete u ocho visitas al sastre. Escatrón, lloroso ante el espejo de su taquilla, había llegado a acariciar con ternura la culata de su pistola.
Acuarela: lámina (26x36 cm)
Escatrón nos confesó un día que tenía en su guardarropa setenta trajes, veinte pantalones de corte, cuarenta y tres chalecos de fantasía, doce chaqués, seis smoking, siete fraques, cinco levitas, cincuenta y nueve pares de zapatos y botas, treinta pijamas, trece pares de pantuflas, setenta y dos sombreros, treinta y seis bastones y seis baúles de accesorios para su toilette.
Acuarela: lámina (26x36 cm)
Escatrón había llegado a camarero del “Gran Café Real” como otros hombres llegan a conseguir encender el mechero automático a fuerza de paciencia y de sufrir chispazos. Eso si el frac le sentaba como un guante.
Acrílico: lienzo (40x60 cm)
Están en casi todos los barrios. Muchos heredaron los puestos y los conocimientos de sus padres. Escuchan historias de romances como Eugenia a la que a veces le toca hacer de psicóloga de sus clientes, que le cuentan la historia de cada ramo, o le piden consejos sobre cómo quedar mejor haciendo un regalo.
Da gusto ver a los hombres que caminan por la calle con un ramo de flores. Lo comenta señalando al treintañero que hace unos segundos, en su puesto, se fue asegurando: “Con esto voy a quedar bien”. "Y mira, camina a la par de su amigo y no le da vergüenza. En cada puestito de estos hay muchas historias..."
Acuarela: lámina (26x26 cm)
"Bueno, verás, confieso que admiro enormemente tu sinceridad, Larry, y voy a intentar ser igual de franca contigo. Mira, yo creo, no, estoy completamente segura de que eres el hombre menos atractivo que he conocido en todos los días de mi vida. En el poco tiempo que hemos pasado juntos has demostrado poseer todas las características más odiosas de la personalidad masculina, incluso algunas que desconocía. Físicamente eres repulsivo e intelectualmente pobre. Moralmente despreciable, vulgar, insensible, egoísta… careces de gusto, tienes un detestable sentido del humor y hueles mal. No eres ni interesante como para darme asco".
Las brujas de Eastwick
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