12- ¡Jodido peliculero!

DISPONIBLE
130,00 €

Acuarela: lámina (36x26 cm)

 

   Cuando se decidió usar la plaza para entretener a la gente con películas «de tos los gustos», “el Berlanga” fue el único del pueblo que pudo aprender a manejar la máquina que echa cine porque el manual lo trajeron los de Madrid en alemán. Pues eso, que no hubo que hacer oposiciones ni enchufar a nadie ni na de na.
   De siempre había sido “el Estirao” como su padre y su abuelo que emigraron a Alemania y allí siguen. Su madre si volvió cuando el chiquillo, el único rubio del pueblo, tenía 12 años. pero esto del cine cambia mucho a la gente. Se puso una gorra que venía con los bultos y dijo que era de Kubri, alguien conocido en el extranjero… seguro, y ya no se la quitó ni pa mear.
   Llegó el día de la inauguración y antes de empezar advirtió a los presentes «Gente de los de Arriba ”el Estirao” ha muerto... Viva “el Berlanga” que soy yo». La gente se quedó pasmá porque nadie sabía que significaba lo de Berlanga pero como el respeto a las manías de cada uno es ley en este pueblo, “el Estirao” quedó rebautizado.
   La máquina la dejaron los de Madrid en un cuarto vacío y se fueron; después tuvimos que abrir un ventanuco para que saliera la luz de dentro afuera y poner todos los cables que hacían falta, que eran muchos y complicaos, para esto tuvo que venir uno de los tontolabas de los de abajo que se nos habían adelantao en lo del cine.
   La fachada de la plaza la dejamos mas blanca que las ánimas del purgatorio, eso lo hicimos nosotros bajo la atenta mirada del párroco, que es el que entiende de ánimas. Y es que a encalar no nos ganan los tontolabas.
   Después de la sesión la mayoría se quedaba comentando lo que habían visto de forma educada y coloquial, sin garrotazos. El nivel cultural de los vecinos y vecinas, que llevaron los problemas de la fachada a sus corrillos de siempre mejoró muchísimo. Por ejemplo, las de Paco Martínez Soria ya no eran películas de catetos sino de expresionismo rural.
   Y así, en un tiempo que no daba para muchas alegrías, viajamos, disfrutamos, vivimos otras vidas.. y soñamos.

 

P.D. El titulo hace referencia a una frase de la película “El viaje a ninguna parte” de Fernando Fernán-Gómez