Negra
Acuarela (lámina (32x25 cm)
Es sábado de madrugada. El hombre sale de la casona en el Carabanchel antiguo, cierra con suavidad la puerta. La puerta es de roble con triple cerradura. Sobre la mirilla de bronce puede leerse 1024. No hay espectadores a la vista.
Ha matado a una desconocida porque sí, sin el menor motivo. Si hasta le dan unas ganas locas de reírse, y estuvo a punto de hacerlo. Dentro de la casa queda una mujer muerta, asesinada por él porque sí, en un gesto impensado que completa quizá el aburrimiento de esa tarde de otoño.
Sabe que no debe dejar rastros mientras baja por las escaleras con sigilo. Sabe también que existe el peligro de cruzarse con alguien y tener que matarlo. Saca el Zippo y con un chasquido de jazz enciende el habano que llevaba en el bolsillo de la chaqueta. Entre el humo y el silencio, comprende que la vida se disfruta mejor cuando se deja arder con estilo.
Acuarela: (35x22 cm)
El detective ha sido sacudido por la crisis, envuelto en un par de casos absurdos. El primero, encontrar la sombra de un excéntrico que camina con ella. El segundo, un escritor de páginas en blanco que le encarga buscar su inspiración perdida. El detective no cree en la casualidad temporal y sospecha que los casos están relacionados. La sombra del primero ha robado la inspiración del segundo. Se cala el sombrero y chasca los dedos.
10- '-Hola guapa… estás estupenda-. -Me cago en tus huesos 'Torpedo'-. Entonces deduje que no estaba en presencia de la amiga del macarra que buscaba'
Acuarela: (lámina 32x21 cm)
Por experiencia sabía que la curiosidad había matado a más personas que gatos. Y que no debes insistir si no hay nada que rascar.
También que no cobras hasta que has matado al hombre que era el hombre… Y ya estaba cansado de buscarlo y no encontrarlo. Sin tiempo para cambiarme de gabardina.
Son tiempos duros para la poesía. Un divorcio igual a un trabajo; dos... dos trabajos. Yo me he divorciado tres veces y tengo que pillar lo más jodido.
Conozco la cara sucia de la ciudad, soplones, delatores, polis, abogados, jueces y sobre todo a la competencia que no se ve.
Capturar a un profesional, sepultarlo en el maletero del coche y facturarlo no es fácil. No te puedes fiar de nada, de nadie, ni de los que te han encargado el trabajo. Hay trampas, intereses que son difíciles de ver. Por eso yo tengo una lista negra de sospechosos habituales... y si los veo merodear, les convenzo amistosamente para que se pierdan.
Acuarela (32x25 Cm)
En los encargos especiales (maderos que se han pasado de listos, de ambiciosos, o de todo a la vez) siempre me quedo cerca hasta que llegan los de Homicidios, para asegurarme de que el escenario está como tiene que estar y el mensaje llega a donde tiene que llegar. Es el método.
Mi trabajo suele ser más rutinario, no necesita formación laboral previa. Son chapuzas que la mayoría de mis parroquianos no pueden hacer. Por ejemplo, romper un brazo al que no quiere hablar o saltarle los dientes con la culata de un 45 cuando sea necesario recordarle que la cosa va en serio. No me gusta pero tampoco se hacer otra cosa y se me da bien. Luego están los clientes cuyas ofertas no puedo rechazar y tengo que aplicar el método.
No me considero un asesino, sino un empleado que comete asesinatos. Matar a un hombre es fácil. Matar bien a un hombre es difícil. Los buenos profesionales lo saben. Los malos lo aprenden a golpes; a veces solo les hace falta tiempo y costuras para entender, a veces les falta ese tiempo.
8- 'Cuando las cosas encajan demasiado bien es que alguien está poniendo masilla'
Acuarela: (32x25 cm)
Las mujeres que te traicionan una vez lo harán dos veces, y tantas como necesiten. No tienen honor, ni códigos, ni respeto. Traen con ellas el miedo, la debilidad, las mentiras.
¿Cómo se llega a ser una fría manipuladora? Y ya puestos, ¿Cómo se llega a no serlo? Ambas deben haber llegado por alguna razón.
Tenía que matarla, por lo que sabía de mí, y porque el mundo no es bastante grande para dos personas que comparten secretos.
-Te quiero, Luck.
-¿Sabes? Si lo dejamos algún día te establecerás. Te casarás con un profesor y escribirás un gran libro. Quizá sobre mí.
-Te quiero.
-Lo se. Yo... ¿Necesitas que te lo diga?
-Sí, lo necesito mucho.
Yo también la quería, pero no podía decírselo. No había ninguna posibilidad de dar marcha atrás.
Acuarela: (32x25 cm)
“Ya sé que tengo cara de idiota, pero me jode la gente que se fía de las apariencias”
Cuando vimos a Germán Areta apoyar la pistola en la entrepierna de un ratero de carretera “Bareta... devuélveme el mechero o te quemo los huevos” sin dejar de cenar su filete con patatas, con una mirada seria y taciturna bajo el bigote... supimos que nunca volvería a ser tan duro, ni tan oscuro como esa sucia verdad que nos rodea.
Ni la Gran Vía sería retratada con tanta devoción, Ni las veladas de boxeo en el Frontón Madrid, el mus en la oficina “llevo pares”, el coñac en la mesa y el humo de los cigarrillos. Ni volveríamos a escuchar la crudeza tal como es. “Cada vez resulta más difícil ganarse ilegalmente una vida respetable y hay que buscar nuevos nichos de negocio”.
“Nunca sabré cómo tu alma ha encendido mi noche...”
A Gloria Laso, que me acompañó muchas noches de sábado.
6- 'Por experiencia sabía que la curiosidad había matado a más personas que gatos'
Acuarela: (32x25 cm)
Llevaba el pasado atado como una lata a la cola de un gato, y hasta el menor de los esfuerzos que pudiera hacer por esconderme producía un ensordecedor estrépito a mi espalda.
Le había despistado varias veces porque cualquiera puede aparentar ser otra persona a la luz del día. Pero solo por la noche, después de que el mundo se ha oscurecido, aparece nuestro yo real. Y allí estaba él, sin emitir el menor sonido.
Estar en compañía de otra persona que solo genera silencio estremece. Es el silencio que esperabas.
Acuarela (32x25 cm)
La Mafia no es un pasatiempo afectuoso, ni fácil de jugar. Aunque parece que en la calle todos aportan a la Mafia, los de una acera lo hacen a la Familia y los de la otra al Clan. No se dónde más preguntar, nadie responde. La atmósfera siempre azul oscura nos confunde a todos. Algunos creen que soy el mafioso, “Por favor, puedo arreglarlo…”.
Cuando necesitan un freelancer trabajo para la Familia o para el Clan, pero sigo sin entender cómo funcionan. Desde fuera lo ves un poco raro, no tiene fin. Cuando cae alguien, entra alguien, con mas ganas y peor cabeza. No entiendo cómo se puede robar una acera sin descuidar la propia.
La Mafia amenaza, miente cuando se le hace cualquier pregunta en el estrado y nadie puede confirmar ni negar. Es como un sinfín de adivinanzas absurdo, silencioso, a menudo siniestro.
4- 'Aunque sujetar a alguien sea un acto de afecto, no es correcto hacerlo a personas que quizás no lo quieren'
Acuarela: lámina (32x25 cm)
Rodríguez se movía en el andén resbaladizo como si fuera el sofá de su casa. Llevaba con los trenes desde siempre, unas veces desde fuera, vigilándolos, y otras desde dentro, asaltándolos.
Los “otros”, pendientes de la tensa discusión sobre lo estafado, que a Rodríguez le traía sin cuidado, y sobre todo, de la capa de hielo que pisaban, no perdían de vista la nube de vapor que se acercaba y se mantenían apartados del borde. Mientras, Rodríguez repartía la mirada entre el desdichado y el “Jefe”, esperando un veredicto.
Rodríguez sabía que lo que el “Jefe” pretendía, simular un suicidio si no cantaba, no se lo iban a tragar los maderos, pero eso solo lo sabía él y cuando vio humedecerse los pantalones del infeliz, supo que no iba a tener que convencer al “Jefe” de su error.
Retrocedió junto al infeliz en silencio, justo antes de que el tren terminara de entrar en la estación. Rodríguez volvió a comprobar que el verdadero juego de poder no se resuelve con un empujón, sino con la posibilidad de ese empujón.
Un año mas tarde, el infeliz en el andén era su antiguo jefe. Ahora el “Jefe” era mas bajito y mas ancho, con una cicatriz muy fea en la mejilla. Los otros estaban muertos, demasiada lealtad suele ser perjudicial en este oficio. Rodríguez lo lamentaba porque los nuevos “otros” hablaban a gritos y se reían sin motivo. La escena había cambiado a todos los personajes menos a Rodríguez que seguía siendo el encargado de sujetar la corbata.
Acuarela (32x25 cm)
De pronto la sala se llenó de silencio. Salí a través del silencio y me apoyé en una columna del fondo. Ella me vio allí entre las sombras de lo más oscuro del local y señaló el reloj luminoso de la pared, estaba parado. Parecía un poco triste, como si me hubiera estado esperando durante mucho tiempo, con ese sabor teatral que a menudo resulta que es verdadero.
Entonces subió al escenario, chascó los dedos y apareció de la nada un cuarteto de músicos. ¿Por qué decidió cantar esta noche y no otra?. O lo decidió el Blues como ella me había dicho en la oficina. Cantaba como si fuera el fin del mundo. El reloj empezó a marchar. Era imposible no ahogarse en esa tormenta de notas. Era imposible salir indemne.
Si un tío feo como yo quería abordar a alguien como Raquel, y quería, era mejor que lo hiciera sin competencia, delante de otro feo, de modo que la chica no tuviera la tentación de salir corriendo e incrustarse en los brazos de un figurín. Por eso tuve que deformarle la cara al fulano que se aproximaba a ella.
Acuarela: (32x25 cm)
Los relojes seguían parados, en silencio, recordándome que el Blues seguía desaparecido. Las búsquedas necesitan silencio para poder avanzar.
A pesar de lo que me dijo en la oficina, sabía que estaba cerca de averiguar donde encerraba el Blues, pero hasta que no la vi aparecer en la entrada del hotel no me permití encender un cigarrillo. No podía desaparecer. Había llegado hasta allí tras ella y no tenía sentido quedarme fuera del espectáculo.
Acuarela: (lámina (32x25 cm)
Tengo el privilegio de entrar con facilidad en las fiestas de la alta sociedad, clubes, discotecas, casinos y bares, todos de alto calibre, donde solo millonarios acuden en busca de lo único que puede faltarles.
Soy un hombre feo y saco provecho de ello, además cuento con una habilidad bastante útil en este negocio: la manipulación, lo cual me ayuda mucho a la hora de encontrar mi último objetivo: Liberar al Blues.
Llevo más de tres meses siendo la sombra de la sospechosa de su secuestro sin ningún resultado. Es perfecta, sin deslices, manteniendo la distancia pero sin esconderse.
Una noche al volver a la oficina me la encuentro sentada en mi silla giratoria, bailando las piernas cruzadas mientras tararea un estribillo desconocido y una mirada que nunca había sentido. Me muestra mis llaves -Estaban debajo del felpudo de su vecina.
La invito a una copa y la rechaza con una sonrisa matahombres pero muy agradable. Sabe poner a cada pieza en el lugar que corresponde en este juego, y después de todo, ella es la dama que tiene la clave del caso.
Abandona la silla y se sienta en la mesa con un movimiento perfecto. No puedo apartar la vista. Creo que me ha idiotizado. -¿Por qué me sigue?,¿Quien le paga?-. Me siento desnudo por primera vez en el oficio. No se que responder y debo de tener una cara de pasmao lamentable. -No pierda el tiempo Marlowe. Mire los relojes. Confíe en ellos. Ahora todos están parados y marcan la misma hora: la del silencio del Blues. El Blues volverá cuando el Blues quiera. Mire los relojes Marlowe y deje de perseguir sombras.
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