La escuela

 

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6- 'Mis colegas'

50,00 €

Acuarela A4:

 

   Tengo una foto de mi banda del colegio en el despacho, justo encima del titulo de abogado. Siempre llevabamos camisa a cuadros, premonitorio de la cantidad de rejas que veriamos. Eramos el grupo que más prometía, y cumplimos con creces:

- Languido: Tristemente desaparecido en nuestra primera retirada de dinero de una gasolinera. Todos salimos pitando menos él que se quedo mirando una postal de Marilin Monroe y se dejó alcanzar por un escopetazo del dueño. Sus últimas palabras fueron “Albert… me distraje”.

- Fulgen: Doce años en Carabanchel donde organizó un casino con los guardias haciendo de crupieres. Cuando salió se hizo prestamista para que sus antiguos crupieres se sacasen un sobresueldo como autonomos. Le llaman Don Fulgen.

- Hilario: Ocho en la Provincial de Huelva. Su estancia mejoró notablemente la salud mental de los reclusos, con pequeños altibajos pero mucho mas relajados. Nunca se olvidó de la gasolinera ni las gasolineras se olvidaron de él.

- Marquitos: Sigue en un tour constante por los penales mas solicitados de media Europa. Sus procesos han creado jurisprudencia por ser creativos y originales. Sabe idiomas.

- Tronco: Quince años en la Modelo donde acabó siendo el puto amo. Se casó con una viuda catalana que le hizo una oferta irrechazable.

- Grumete: Seis años en el Dueso. Le dieron una celda sin vistas al mar y se lo tomó a mal. Dos meses después de salir, el director desapareció y él se quedó a vivir en un barco.

- Loren: Veinte años en la provincial de Malaga. Los espetos le pierden aunque a veces confunde la materia prima y pincha lo que no debe. Tenemos que estar pendientes de él porque se cabrea en un chasquido de dedos.

- Albert: Yo, el único fracaso, abogado. Así que me dediqué fundamentalmente a ser su correo y fiador cuando lo necesitaron.

   Hoy celebramos el último día que estuvimos juntos en clase, un 14 de junio. Falta Languido y Marquitos, claro, que con un puñado de años en varios paises y alguna perpetua de propina, ha sido imposible contar con él. Lo tenemos en videollamada y se le ve en forma.

   Salud colegas.

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5- 'TICcccccTACcccccTICcccccT'

40,00 €

Acrílico: lámina (26x36 cm)

 

   Tengo un recuerdo bien claro de hace más de muchos años, sentado en clase, escuchando al maestro con su voz monótona y mirando el reloj que a veces se paraba, hacía un "clonk", y luego saltaba hacia adelante o hacia atrás como un minuto.

   Mientras me esforzaba por no quedarme dormido, la manecilla se fue para atrás y gruñí en voz alta. Don Evaristo me fulminó con la mirada.

   Qué cosa más rara para recordar, pero lo tengo tan presente como una escena de una película.

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4- 'Doña Coronela'

50,00 €

Acuarela A4

   Querida maestra:

   Usted ni siquiera se acordará de mi nombre. Yo, en cambio, he pensado muchas veces en usted, en esa mazmorra que llamaba escuela, en los chicos que echó al campo, a las fábricas, por ser hijos de quienes fueron y los olvidó para siempre.

   Hace tres años, en primero de Magisterio, me seguía usted dando miedo. De niña no levantaba los ojos del suelo cuando usted pasaba. Me pegaba a las paredes para que no me viera.

   Ahora me doy cuenta de que usted ha ganado. Acaso no sea ni cobardía. Sólo falta de prepotencia para creerme mejor que usted.

 

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3- 'Doña Reme'

50,00 €

Acuarela (36x26 cm)

 

   La escuela no me pareció una escuela cuando entré la primera vez. Ni tarima, ni pizarra, ni pupitres. Sólo grandes tableros apoyados en borriquetas en las que se comía de vez en cuando. Cuando llovía se llenaba de barro. Como la puerta se atrancaba las gallinas la utilizaban de corral. Al fin y al cabo existía porque vino un señor de la cápital y dijo que a partir de ahora era obligatoria... y se fué.

   El alcalde trajo una escoba de raices para que la barrieramos todos los días antes de empezar, seis o siete libros del Ayuntamiento, creo que uno era el registro civil y nos dejó bien claro que él no quería lios, que si volvía el señor de la cápital teniamos que decir que estabamos muy contentos con la escuela.

   El cura por su parte aportó unos cuadernillos de rezos con una estampa de la Virgen. De cada libro no había más que un ejemplar asi que nos apretujabamos sobre él.

   Y luego llegó Doña Reme, de la cápital, pero de otra que estaba más lejos aún. Empezó pidiendo de puerta en puerta cualquier cosa que estorbara, herramientas, mesas, sillas, piedras de pizarra, tableros… cualquier cosa.

   Los vecinos cuando las llevaban a la escuela y veían la cara agotada de esa anciana, que junto a la chiquillada del pueblo, intentaban transformar aquel batiburrillo en una escuela, les daba apuro, porque Doña Reme además de saber un montón de poesía, cuentas, paises… era una magnifica <apurista> que convertía a los vecinos en colaboradores a tiempo parcial.

   Doña Reme era la única del pueblo que enviaba y recibía cartas. Supongo que así fué como consiguió que enviaran, también desde la cápital, libros escolares, cuadernos, tizas, lápices de colores y hasta una estufa de leña...y la escuela se convirtió en una escuela.

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2- 'La escuela siempre será mejor que la bosta'

50,00 €

Acuarela (36x26 cm)

 

   Cuando Luisico tuvo que volver a cuidar vacas, por hambre, nos dijo a los que quedamos: «La escuela siempre será mejor que la bosta».

   Que los muchachos odian la escuela y les gusta el campo, lo decís vosotros. A nosotros no nos lo habéis preguntado. Y somos tantos. Casi todas los chicos del pueblo piensan como Luisico; el resto, los de aldeas, ni sabemos. Vuestra vida esta construida así. Como si el mundo fuera lo que ya está escrito.

   Años después, durante la República, yo ya era maestro. Lo era durante tres medios días por semana. Enseñaba Geografía, Matemáticas y Francés a los de primero de Escuela Media. Si me equivocaba en algo era un alivio para la clase. Buscábamos juntos. Las horas pasaban tranquilamente, sin miedos ni nervios… ni ataduras ni bosta.

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1- 'El bloque de los ferroviarios'

150,00 €

Acuarela (36x26 cm)

 

   El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir. Se llamaba Matías y era mi abuelo.

   En el invierno, cuando el frío más apretaba, me llevaba a la escuela a través de las vías que nos separaban del bloque de los ferroviarios. Era un hombre de buen carácter, de los que, para mantener la vida, no aprendieron a pensar mucho más de lo indispensable.

   En el camino me contaba un incansable rumor de memorias que me mantenía atento, al mismo tiempo que me olvidaba del frío y siempre… siempre, acababa con la misma retahíla “De mayor vivirás al otro lado de las vías, en el bloque de los ferroviarios”.

   Nunca llegué a vivir en ese bloque porque el futuro me tenía reservados otros destinos que mi abuelo, que ya se había ido de este mundo, ni siquiera imaginaba que existían, pero siempre llevaba en la cartera un dibujo de ese bloque y esas vías agarrado de su mano.

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