Metro
Acuarela: lámina A3
Parece que le gusto. Ladea el rostro y con los labios levantados musita algo que no escucho. No sé, puede ser sobre la estrechez dentro del vagón. El deber ser o lo que no debe ser, pero que nadie cumple. El vaivén de las curvas favorece la misma estrechez y la que tengo atrás tiene algo punzante que molesta. Ojalá no sea eso que pienso, tiene como rostro de transfor.
Acuarela: lámina A3
El trajín mata el deseo, y más si no se come bien, aunque ese es otro tema. Las compuertas se abren y me aplastan los traseros de unas matronas. Mujeres que una vez fueron esbeltas y bellas, pero luego de casarse se descuidan tanto, que parecen luchadoras de sumo. Sueltan una asombrosa lista de improperios y dan codazos. Me protejo, porsia, las costillas. A través del vidrio veo que la que está adelante deja de fruncir las cejas y me sonríe.
Acuarela: lámina A3
Sí, a veces todo pasa rápido sólo pensando en vainas, y resulta, puedes imaginarte cosas, recordar la última película que viste, el libro que estás leyendo, las posiciones que le harás a tu esposa por la noche, si tienes alma todavía, porque los días son duros.
Acuarela: lámina A3
Es más, en sólo una, me lo dicen la experiencia y los medios de comunicación de este país. Dios, ojalá pase el tiempo y no me dé cuenta, solté, ahora sin preocuparme de que me oyeran. Algunos rostros curiosos voltean a verme.
Acuarela: lámina A3
Con el cambio de trabajo enfrentaría a diario trece de ida que, sumadas a las de vuelta, resultarían en la cifra inicial. Qué son veintiséis estaciones, repetí. Miento, por ahora sólo me tocan trece. Al regresar me ocuparé de la otra mitad, pero en trece puede suceder cualquier cosa.
Acuarela: lámina A3
Qué son veintiséis estaciones, musitaba, para restarle fuerza al hecho de ir y venir (incansable) de un extremo a otro de la ciudad, hasta que se diera el tiempo para la jubilación.
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