14- Oficios 11. 'Quesero Fúngico'
Acuarela (36x26 cm)
Gasparini lleva cuarenta años buscando el queso perfecto, el que según él «hará llorar a los ángeles», y como método científico usa el dejar la leche al sol y rezar. Los resultados, por fuerza, son irregulares.
-Este lleva siete años en la cueva -le dice a su mujer, que se tapa la nariz desde el umbral-. Tiene carácter.
-Tiene vida propia. Ayer le vi cambiar de sitio.
-Es la maduración.
Había probado cientos de recetas: con vino, con ceniza, con hierbas del monte, con una promesa a la Virgen. Los vecinos, que eran gente compasiva y educada, los aceptaban de regalo y los enterraban discretamente.
Una madrugada, Gasparini lo logra. Un queso de corteza dorada, aroma de pradera en mayo, textura de nube. Lo corta con lágrimas en los ojos, prueba un trozo y muere en el acto con una sonrisa beatífica.
Al llegar al otro lado se encuentra con una mujer estupenda de capa y guadaña... y mucha… mucha clase.
-Enhorabuena, maestro. Aquí estamos encantados con su trabajo.
-¿Esto es el cielo? —pregunta Gasparini, mirando las filas y filas de mesas donde trabajan cientos de empleados sin levantar la cabeza.
-Qué va. Solo somos el departamento Demográfico. Yo soy su Directora General… Sea bienvenido Sr. Gasparini.
-Entonces, conoce mi trabajo.
-Su queso es un regalo que nos va a permitir mantener la plantilla. Ya sabe… Ni Dios se libra de los recortes. Con tanta vacuna y tantos inventos estábamos condenados a una reducción de plantilla.
Ahora Gasparini tiene su propia cueva, con temperatura ideal y maduración eterna. Dicen que es feliz. Su hallazgo es indetectable, se distribuye en alimentos procesados para adelgazar, que se anuncian a bombo y platillo y mantienen la población estable. Un éxito total de la Directora General del departamento Demográfico; a la altura de la peste, pero sin malos olores.
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