7- Oficios4. 'Los barberos de tazón'
Acuarela (36x26 cm)
En el barrio, el barbero nunca había cortado el pelo a los de pantalones cortos de otra manera que a tazón. Le daba igual que fueras un niño de chico, de primera comunión o mozalbete; hasta que tu madre no te ponía los largos, sacaba el cuenco de loza, te lo encasquetaba hasta las orejas y lo que sobresalía, fuera.
Tenía dos tazones, uno sin grieta y otro con una grieta que le daba carácter y que, según él, "daban la medida justa de una cabeza cristiana". Si alguno protestaba, el barbero le recordaba que nadie se había muerto por ir con el flequillo como una visera.
Ni el COVID logró cambiar ese principio. Le puso una mascarilla al tazón y chiqui-chiqui…chiqui-chiqui. Ese y no otro fue su catecismo hasta el día de Santa Rita del primer año de la epidemia.
Ese día entrq un chico forastero que se había quedado atrapado por la pandemia en casa de sus tíos. -Quiero un degradado... algo moderno-. El barbero se dirige a su aprendiz -Mira, a este, como es de fuera, dale a elegir entre dos opciones: tazón, o tazón con carácter.
El chico, que no está a lo que tiene que estar, sigue a lo suyo -Mire, he traído una foto...
-¡Siéntate! Hoy no se admiten fotos, mañana si. Pálido y acojonado, obedece sin rechistar. El aprendiz le pone el cuenco con grieta y empieza a cortar. Fue en el último repaso, al afinar la patilla, cuando el chaval, espantado de lo que veía, se levanta de golpe y todo acaba con más sangre de la que el tazón puede recoger. El aprendiz grita. El cabo de la Guardia Civil, que estaba justo en el bar de enfrente, entra y se echó las manos a la cabeza.
-Ya ve cabo… Un accidente laboral. El forastero se ha movido.
-¿Se ha movido?.
-Bueno, ahora no, pero antes sí.
En el juicio con jurado, el abogado de la familia pide la máxima pena y que le retiren el tazón al barbero. El juez, que llevaba treinta años yendo a la misma barbería, tarda un rato en contestar, se pasa la mano por el flequillo recto y sentencia:
-Esto último no puedo concederlo. Le tengo mucho cariño a este corte.
El jurado, por unanimidad, decide que no hay pruebas. El barbero sale absuelto y la gente del pueblo aplaude el desenlace. Puestos a elegir, antes un barbero de tazón que uno de fuera con ideas raras.
Hoy, en la pared de la barbería, cuelga la foto del degradado moderno que quería el chico. Una nota debajo reza: "Aquí no se hacen experimentos."
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