5- Oficios 2. 'Alfarero'
Acuarela (36x26 cm)
Lleva treinta años fabricando la misma olla, y treinta años escuchando que es «artesanía auténtica», lo cual, según él, significa que puede cobrar el triple y que nadie pide que cambie de color.
Por la mañana trabaja de recadero para el Ayuntamiento y por la tarde sube a su taller, en lo mas alto del cerro. Tiene un cartel que reza: «Cerámica tradicional. Prohibido hacer fotos». Debajo, otro cartel más pequeño: «Sí a las fotos si compra algo». Y debajo de ese, un código QR que lleva a su perfil de Instagram: <<@cántaro_cerrochico>> con once mil seguidores y ninguna venta.
Una mañana entra una pareja de hipsters con ropa vintage que cuesta más que el horno: skinny jeans, camisas a cuadros y botines desgastados. También llevan gafas grandes de pasta, sombreros de ala ancha, bufandas y pashminas. Hablan entre ellas del consumo alternativo y el rechazo a las modas comerciales masivas hasta que ven la olla en el torno.
-Qué maravilla -suspira la mas alta pasando un dedo por la olla-. Se nota el alma.
-Se nota el barro -corrige el alfarero-. El alma la cobro aparte.
-¿Y esto es cien por cien manual?.
-Cien por cien. Salvo el esmalte, que es industrial; el torno, que es a pedales; y la forma, que me la manda un señor de Taiwán por correo. Pero el gesto de apretar el barro lo pongo yo.
La pareja compra tres ollas. El alfarero las envuelve en papel de periódico, para dar sensación de pueblo, y les explica que cada pieza es única, aunque las doscientas que tiene en la estantería son visiblemente idénticas. -Es que la unicidad -dice, solemne- está en el espíritu.
Esa noche, mientras barre, el alfarero cuenta el dinero. Ha ganado más vendiendo tres ollas «únicas» a unas extrañas que pedaleando toda la semana. Se queda un rato mirando el torno, parado y polvoriento. -Algún día -le dice- haré una pieza de verdad. Una obra maestra. El torno no contesta, lleva años sin hacerlo, desde que el alfarero dejó de escucharlo.
Al día siguiente sube el precio de las ollas un veinte por ciento. Por el alma.
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