38- 'Brandy Conexion'

DISPONIBLE
200,00 €

Acuarela A3

 

   El rótulo de la entrada no decía «Surf Store», sino «Hydro-oceanic Connection Space». Estaba escrito sobre madera de deriva recuperada que, según la etiqueta adjunta, había sido bendecida por un chamán local antes de ser lijada a mano por artesanos de Oregón.

   Dentro de la tienda, el aire no olía a sal marina ni a neopreno mojado, sino a una mezcla concentrada de incienso de palo santo, café de filtro frío y el sudor de la iluminación espiritual.

   Brandy, el propietario, un tipo con melena rubia impecablemente desaliñada y una camiseta básica de algodón orgánico que costaba trescientos dólares, no atendía a los clientes, «los sintonizaba».

   Un turista de Ohio, vestido con chanclas de plástico y una camiseta donde se leía “I Love LA”, entra buscando una simple barra de cera para su tabla. -Hola. ¿Tenéis parafina económica?

   Brandy deja de girar el molinillo manual con sus granos de café de comercio justo. Cierra los ojos un segundo, respira hondo para alinear su energía y mira al cliente con la lástima de un sabio que observa a un iniciado. -¡Bro! Aquí no usamos la palabra «económica». Tampoco usamos «parafina», agrede la piel de la Gran Madre Océano. Lo que tú buscas es nuestra resina biodinámica de cera de abeja silvestre con infusión de lavanda de Ojai.

   -Ah... vale. ¿Cuánto cuesta?

   -Cuarenta y ocho dólares la barra, pero no estás pagando por tracción, hermano. Estás pagando por un vehículo de anclaje kármico sobre la marea.

   -¡Umm!- El cliente ve al fondo a Jax, el surfboard maintenance, aplicando aceite de argán a una single-fin de madera que pesaba quince kilos y no tenía quillas. -Esa tabla parece bastante incómoda de maniobrar-.

   -No se maniobra -interviene Jax sin levantar la vista- Se siente. Es un diseño purista de 1968. Si no eres capaz de girar sin quillas, no es que te falte técnica, es que tienes bloqueo emocional en el chakra del plexo solar. El mar te está diciendo que bajes las revoluciones de tu ego.

   El turista de Ohio, entra en pánico financiero, deposita un billete de cincuenta dólares sobre el mostrador y coge la pequeña barra de cera de lavanda. -Quédate el cambio-.

   Brandy sonríe con una paz infinita, pone una mano sobre su corazón y le despide con una reverencia. -Namasté, ¡bro!. Que las vibraciones de la marea sanen tu linaje familiar-. El de Ohio pone los ojos en blanco y sale huyendo antes de que le vendan un remo de bambú energizado por noventa dólares.