35- 'Brandy Conexion'
Acuarela A3
El tablero de la entrada no decía «Surf Store», sino «Oceanic Connection Space» y había sido bendecido por un chamán local. Dentro, el aire no olía a sal marina ni a neopreno mojado, sino a una mezcla de incienso de palo santo, café de filtro y sudor de una iluminación espiritual.
Brandy, el propietario, un tipo con melena rubia impecablemente desaliñada y camiseta de algodón orgánico de trescientos dólares, no atendía a los clientes, «los sintonizaba».
Un turista de Ohio, con chanclas de plástico y una camiseta donde se leía “I Love LA”, entra buscando una simple barra de cera para su tabla. -Hola. ¿Tenéis parafina económica?.
Brandy deja de girar el molinillo manual de café de comercio justo. Cierra los ojos, respira hondo para alinear su energía y mira al cliente con la lástima del sabio que observa a un iniciado. -¡Bro! Aquí no usamos la palabra «económica». Tampoco usamos «parafina», agrede la piel de la Madre Océano. Lo que tú buscas es nuestra resina biodinámica de cera de abeja silvestre con infusión de lavanda de Ojai.
-Ah... vale. ¿Cuánto cuesta?.
-Cuarenta y ocho dólares, pero no estás pagando por tracción, hermano. Estás pagando por un anclaje kármico sobre la marea.
-¡Umm! Muy caro- El cliente se acerca a Jax, el surfboard maintenance, que está aplicando aceite de argán a una single-fin de madera que pesa quince kilos y no tiene quillas. -Esa tabla parece bastante incómoda de maniobrar.
-No se maniobra -responde Jax sin levantar la vista- Se siente. Es un diseño purista de 1968. Si no eres capaz de girar sin quillas, no es que te falte técnica, es que tienes bloqueado el chakra del plexo solar. El mar te está diciendo que bajes las revoluciones de tu ego.
El turista de Ohio ve lo que cuesta y entra en pánico financiero. Deposita un billete de cincuenta dólares sobre el mostrador y coge la pequeña barra de cera de lavanda. -Quédate el cambio.
Brandy sonríe con una paz infinita y le despide con una reverencia. -Namasté, ¡bro!. Que las vibraciones de la marea sanen tu linaje familiar. El de Ohio huye despavorido antes de que le vendan un remo de bambú energizado por noventa dólares.
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