36- 'El Clamor'

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200,00 €

Acuarela A3

 

   La niebla del Levante siempre olía a sal vieja, pero aquella tarde venía pesada, cargada de un frío que masticaba los huesos. En las tabernas de la parte baja del pueblo, el dominó sonaba contra las mesas de madera marchita y el humo de la picadura flotaba denso, decían que era bueno para la reuma.

   De pronto, la campana de la iglesia interrumpió el murmullo del rompeolas. Fue un golpe seco, ronco, un martillazo de bronce que retumbó en la hondonada del puerto.

   El dominó quedó quieto. Las conversaciones se apagaron. Tres golpes espaciados, seguidos de un silencio infinito. El toque de Clamor.

   Las puertas del pueblo se abrieron de par en par. Las calles se llenaron del arrastre de las botas de agua. Las mujeres se echaban las toquillas de lana negra sobre la cabeza y se dirigían a la iglesia con sus rosarios apretados entre los nudillos blancos. Los viejos salían a los balcones clavando la mirada en la marejada gris que reventaba contra el espigón.

   -¡El Isabel! -gritó alguien-. ¡Se ha embarrancado en las rocas del Muerto!

   El muelle se convirtió en una marea humana de angustia y patrones aprendidos. Mientras la campana continuaba su lamento, los marineros más jóvenes corrían al pañol a por las rozas, los bicheros y las cabos de cáñamo. Cuatro hombres ya botaban el bote de salvamento a fuerza de pulmón y remo, desafiando a un mar que hoy quería cobrarse su diezmo.

   El toque de Clamor no cesaba; era el grito con el que la campana del pueblo llamaba a sus hombres para disputarle una vida más al océano.