34- 'Petra'
Acuarela A3
Agare trabajaba a la sombra de una roca en la entrada del Siq. Allí recibía a las caravanas con una sonrisa y una jarra de agua fresca. Su función, sin embargo, no consistía en servir agua, sino en asegurarse de que nadie se enterara de dónde salía. Los mercaderes de incienso llegaban agotados, bebían, pagaban y se marchaban convencidos de que aquello era un milagro de los dioses.
-¿Y de dónde sacáis tanta agua? -preguntaban una vez saciados.
-De la generosidad del cielo, amigo -respondía Agare mientras señalaba un firmamento que llevaba meses sin una sola nube.
El secreto de Petra no era el Santo Grial que buscaba Indiana Jones sino una red de tuberías y depósitos que construyeron sus ingenieros y nadie sabía que existían.
Si Agare volviera a la sombra de su roca hoy sufriría un disgusto profesional. A la entrada del Siq, junto a la taquilla, un panel bien iluminado explica con dibujos y flechas cómo los nabateos canalizaban el agua a lo largo del desfiladero. Más adelante, el audioguía repite la explicación en catorce idiomas, y una aplicación móvil marca con un puntito azul la ubicación exacta de cada cisterna. Los turistas escuchan asintiendo, sacan una foto al canal tallado en la pared y siguen caminando mientras beben de su botella de plástico.
Veinte años de discreción impecable, y el secreto mejor guardado del desierto figura hoy en el folleto, justo debajo del horario del restaurante.
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