23- 'La zona Gris. La llegada VI'

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130,00 €

Acuarela A3:

 

   El sol se fue. Después de mi turno como estibador conseguí la limpieza del almacén a destajo. Trabajaba muchas horas pero mis ahorros, después de mandar parte a casa, crecían tanto que decidí subcontratar ese servicio con ayuda de dos polacos.

   Tuve problemas porque me pidieron papeles y debí buscar de quién y de dónde conseguirlos. Su costo, alto, me lo prestó un usurero conocido de Lupe, pero fue una buena inversión.

   Al cabo de un año, con la deuda saldada, los polacos volvían a su tierra. Lupe ya ejercía como mi consigliera y me obligó a comprarle su parte a mis socios -Antes de que caigan en malas manos- dijo. Una nueva deuda con el usurero. Y Lupe volvió a acertar.

   Dos años después contraté a un encargado, primo del usurero, con permiso para aceptar pequeños sobornos. Conseguí algo que no conocía, tiempo libre. Era estupendo disponer de ese tiempo y a la vez complicado saber disfrutarlo. Lupe también se encargó de eso con salidas nocturnas, algunas de parejas como la que hicimos con su marido y el novio de este. Me acostumbré a esa nueva rutina gracias a Lupe. Era genial.

   Hasta que conocí a Ingrid Engen. Lupe fue mi consigliera hasta su muerte. pero a partir de Ingrid Engen pasó a ser consigliera en la sombra, ¡Que remedio!.

   Me casé, tuve dos hijos, un suegro y una suegra, una casa en Cuxhaven donde era obligatorio ir los fines de semana, aunque hacía más frio que en Hamburgo. Metí a mis dos hermanos y a otro que vino después en la limpieza. Mi familia del pueblo vivía sin apuros y dejé pasar los años.

   Fueron buenos años. Yo formaba parte de la comunidad. Era respetado y la muerte de mis suegros añadió una nueva dimensión a mi empresa, la de tiendas de ultramarinos. Nunca dejé el puerto, eran contactos y la posibilidad de adquirir material difícil, ahora lo llaman Import/Export.

   Mis ingresos y gastos los llevaba un contable, invitaba a cerveza a mis paisanos y les ayudaba si podía. Tenía todo lo que necesitaba. Y a pesar de ello seguía queriendo volver. No sabía que Ingrid y los niños iban a obligarme a quedarme durante muchos años.