39- 'Margarita y su enamorado'
Acuarela A3
Margarita había cruzado el límite de la edad casadera y sus padres andaban desesperados invitando a pretendiente tras pretendiente. Pero a Margarita ninguno le convencía. Todos buscaban lo mismo, un ama de casa y una madre para sus hijos. De poesía, ciencias, política, humanidades y otros temas que atraían a Margarita ninguno opinaba. Eran nobles rurales que solo sabían de fincas, ferias, vinos y rentas.
Un día Margarita subió al desván y allí encontró un espejo bastante destartalado que había perdido parte de sus reflejos. Se colocó enfrente esperando ver como le quedaba su nuevo lazo pero lo que vio la dejó sin habla, un caballero de porte distinguido con una sonrisa irrechazable.
-Llevo esperándote tres siglos -dijo el caballero- Esperar ha merecido la pena, eres tal como te había imaginado, un poco poetisa, un poco naturalista y una imagen soñada. Doy gracias al espejo por haber cumplido el trato.
En ese momento el espejo se hizo añicos y desapareció. Margarita se quedó perpleja, paralizada por el hechizo y con plena conciencia de a quien buscar.
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